REACCIÓN ANTE EL NACIMIENTO DE UN HERMANO

Hasta ahora hemos visto las manifestaciones más corrientes del fenómeno de rivalidad entre hermanos; los padres deben conocer que el niño sacará provecho de su rivalidad, siempre y cuando los adultos sean capaces de apoyarle convenientemente para que su canalización sea positiva.

Es normal que el nacimiento de un hermano desencadene nuevos comportamientos en el niño, nuevas formas de actuar. Los comportamientos observados tras el nacimiento de un hermano pueden agruparse en:

- Comportamientos agresivos
- Comportamientos regresivos

Sin excluir otros que iremos comentando.

COMPORTAMIENTOS AGRESIVOS

Aquí entran todos los comportamientos con los que el niño arremete al nuevo hermano, tanto verbalmente (la verbalización no siempre se manifiesta) como con actuaciones directas. En pocas palabras se trata de causar un mal al hermano. Hay niños que dicen que van a matar al hermano, otros les tiran algún líquido (yodo) o algo en los ojos sólo por haber sido alabado delante de él (caso de niño de 4 años), etc. Más adelante hablaremos de la actitud educativa que hay que adoptar en estos casos.

COMPORTAMIENTOS REGRESIVOS

Esto es más frecuente y más normal desde el punto de vista psicológico y educativo. Se trata de modos de volver a estadios educativos ya superados (como ya se vio anteriormente), es decir, dejar de hacer lo que se sabía hacer, pedir ayuda en lo que ya se era autosuficiente, pedir que se haga algo con él de lo que se hace con el bebé, y muchas cosas relacionadas sobre todo con:

- Comer
- Vestirse
- Expresar las propias necesidades
- Pedir el pecho
- Ser querido de un modo muy infantil
- Pedir que se le coja en brazos…

No todas las regresiones tienen la misma importancia e intensidad. Podemos distinguir 3 niveles de regresión:

Regresión leve: Comportamientos que suponen volver a situaciones ya superadas en la relación madre-hijo, deseo de llamar la atención, pedir cosas como ser cogido en brazos, mimado, lactado…

Regresión grave: Reacción de mayor intensidad con síntomas que indican una mayor profundidad emotiva, mientras adoptan una actitud de indiferencia y frialdad ante el nuevo hermano, que se refuerzan con las continuas exigencias a la madre y aparecen formas de inquietud, enuresis, insomnios, anorexia y adelgazamiento.

Regresión-agresión: La regresión-agresión tiende a eliminar al recién nacido. El comportamiento adquiere formas de malos tratos, golpes, intentos de hacerlo caer de la cuna, pellizcarle, meter los dedos en los ojos, etc.

De una u otra forma, lo que queda bastante afectado es la dinámica afectiva del hijo con la madre.

Algunos factores que contribuyen a estas reacciones suelen ser (aunque hay muchos más):

- La edad del primogénito: El mayor nº e intensidad de reacciones se da cuando el primogénito tiene entre 1’6 años y 2’5, seguido de los que están entre 1’1 y 1’5 años. Y la reacción es menor a partir de los 3.1 años.

- El sexo: La reacción regresión-agresión suele ser casi exclusiva de los varones, tanto si el hermano es también varón como si es niña. La regresión grave es más frecuente cuando el hermano es de diferente sexo.

-
Antecedentes patológicos familiares

- La estructura del núcleo familiar: Destaca la incidencia de la familia “inestable”, es decir, la que tiene al menos un miembro con tareas emotivas importantes y que afectan a las relaciones sociales familiares.

No hay que olvidar que la rivalidad entre hermanos es una verdadera respuesta a la frustración por el sentimiento, real o imaginario, de carecer del afecto materno. El nacimiento del hermano se puede vivir como una verdadera limitación al sentir el niño que todo el afecto irá dirigido a aquel.