viernes 6 de marzo de 2009

YA A LA VENTA



Gloria Martí, pedagoga, les presenta su nuevo manual para padres y madres:

"PADRES-EDUCADORES. Desde el nacimiento a la adolescencia.
Editorial CCS de Madrid.
Autora: Gloria Martí Cholbi
Hoy en día es necesario prepararse para ser padres-educadores, para evitar errores y actuar con la seguridad y firmeza que la tarea de educar implica. Con poco esfuerzo se puede lograr que los niños y adolescentes estén más motivados e interesados por el aprendizaje, que sean capaces de relacionarse satisfactoriamente, de ser responsables, respetuosos, no problemáticos y, en definitiva, felices...
Con este manual (dividido en 2 partes: el laberinto de la niñez y el laberinto de la adolescencia) se ofrece a padres y educadores una guía para educar, desde la fase inicial de la vida (embarazo) hasta el final de la adolescencia.
Se atiende a cuestiones tan concretas como la alimentación, el sueño, el sentido del orden, el juego y los videojuegos, los deberes escolares, la educación emocional... y mucho problemas importantes que requieren una orientación educativa.
Gloria Martí Cholbi



martes 13 de enero de 2009

CONSULTORÍA PEDAGÓGICA

Servicios:

- Refuerzo escolar, todas las asignaturas, desde infantil hasta la ESO.
- Refuerzo de la memoria, atención y reflexividad.
- Técnicas de estudio.
- Diagnóstico psico-pedagógico.
- Escuela de padres y madres.
- Charlas/conferencias sobre temas educativos.

Avda. Ramón Ortega, 5
03700 Dénia (Alicante)
E-mail:
epymdenia@yahoo.es

miércoles 17 de diciembre de 2008

PÁGINA WEB

PÁGINA WEB DE GLORIA MARTÍ:
http://www.consultoriapedagogica.es/Varios/Quienes-Somos.htm

CONTACTA

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Un saludo

lunes 17 de noviembre de 2008

PRESENTACIÓN LIBRO

El próximo día 5 de diciembre, Gloria Martí Cholbi, autora del libro "Soy Adolescente ¿ahora qué? Claves socio-emocionales", presentará su libro en el Instituto de educación secundaria Historiador Chabàs" de Dénia. El acto tendrá lugar en la sala de actos a las 12h.
¡Estás invitado/a!

martes 5 de agosto de 2008

HACER DIETA

La pérdida de peso no depende sólo de la fuerza de voluntad. Las personas estamos programadas para mantener un peso determinado que se sitúa dentro de un intervalo y dentro de este intervalo el peso puede variar, pero es muy difícil que se sitúe por encima o por debajo del mismo mucho tiempo.

Una serie de defensas metabólicas tienden a mantener el peso estable a pesar de los cambios en la dieta. Entonces las personas que están a dieta aprovechan mucho mejor la energía de los alimentos de manera que la pérdida de peso es menor de lo que se podría esperar y es por eso que una ración normal de comida puede hacer engordar a estas personas. Del mismo modo las personas sobrealimentadas aprovechan mucho menos la energía de los alimentos, de manera que aumentan de peso hasta un punto, pero después el peso permanece estable, por lo que la ganancia de peso es inferior a la esperada.

La mayoría de las personas estamos entonces programadas para estar en el peso promedio, el cual, es sin duda superior al ideal social (que es el que debería corregirse), sin embargo las mujeres, sobre todo, se esfuerzan por llegar a este ideal al cual no se ajustan naturalmente. Pero las personas que están programadas para un peso normal e intentan perder peso, recuperan ese peso perdido poco después y por mucho que atribuyan su fracaso a su fuerza de voluntad y se depriman, en realidad es un problema de biología.

En las personas con sobrepeso la pérdida es fácil de lograr al principio, pero tienen mucha dificultad para seguir perdiendo peso y mantener la pérdida (las estadísticas dicen que de cada 100 personas con sobrepeso y que lo pierden, sólo 5 consiguen mantener la pérdida durante año, por lo que el 95 % recuperan el peso perdido), podríamos decir que es imposible que el 95 % de las personas tenga un problema de falta de voluntad.

Luego hay personas a las que les cuesta mucho esfuerzo hacer una dieta o que ven muy difícil alcanzar esa delgadez que tanto desean y entonces emplean métodos más drásticos y peligrosos, como el vómito autoinducido, el abuso de laxantes y diuréticos o el ejercicio extremo, con las consecuencias para la salud y el estado de ánimo que todo ello conlleva.

Otro resultado de las dietas son los atracones. Cuanta más dieta más lucha el cuerpo contra ella, lo que provoca episodios de voracidad para evitar que la persona pierda más peso que el programado genéticamente. Pensémoslo, si la restricción alimentaria no viniera seguida de atracones, las especies no hubieran podido sobrevivir.

La dietas repetidas aumentan la facilidad para engordar, por lo que o se hace una dieta para siempre o mejor no empezarla.

Entonces la dieta repetida aumenta la facilidad para engordar porque el cuerpo se habitúa a pasar con menos alimentos de manera que el índice metabólico disminuye (la cantidad de energía necesaria para las funciones metabólicas básicas) y si se aumenta la ingesta se engorda, aunque se siga comiendo menos que las demás personas, básicamente porque el cuerpo tiende a acumular las grasas para cuando se produzcan nuevos periodos de escasez.

Pero ¿por qué tal insatisfacción por el peso y la línea? porque se han ido interiorizando unas normas culturales sobre el atractivo, basándose en un estándar que es la ausencia de grasa, curvas, cuerpo tubular, caderas estrechas, etc. en el caso de las mujeres y para los hombres cuerpo musculoso, ancho de espaldas, estrecho de caderas, cuadrado, alto, etc.

Por otra parte hoy en día el ideal de belleza pone el énfasis en la delgadez, pero en otras épocas lo bonito y deseable era la obesidad, el ideal actual se considera entonces atractivo hoy pero el problema es que cae dentro de lo que se considera infrapeso, es decir, es un ideal que está por debajo de lo que se considera un peso normal desde el punto de vista médico (según los estudios las modelos presentan un infrapeso del 13 al 19 %) lo que significa que este ideal no es saludable y que de forma natural sólo algunas personas se ajustan a él, teniendo el resto (sobre un 80 %) que recurrir a dietas y otras historias.

Esta claro que si tomamos este ideal como criterio de comparación muchas personas se verán gordas (personas que entran dentro del peso normal), sin embargo no es el ideal cultural el que define (o el que debería definir) la obesidad o la delgadez, sino el ideal médico. A éste es al que deberíamos hacer caso. En este sentido el ideal de belleza masculino propuesto por la sociedad se acerca mucho más a los ideales médicos que el de las mujeres. Los hombres están mucho más satisfechos con su apariencia y el porcentaje de los que hacen dietas es mucho menor. Además en muchísimos estudios se ha comprobado que los hombres prefieren mujeres de peso normal y con curvas cuando se les pide que elijan las siluetas que más les gusten y se comprueba que las mujeres eligen siluetas más delgadas que los hombres.

¿Cómo se ha desarrollado esta preocupación por el peso?

Básicamente las personas internalizan el ideal de belleza que propone la sociedad y modifican su cuerpo para ajustarlo al mismo. Al mismo tiempo la sociedad refuerza estos cambios y recompensa a quienes se ajustan a ese ideal y castiga psicológicamente a los que no se ajustan al mismo. Por ejemplo hoy en día se estigmatiza la obesidad, considerando a los obesos perezosos, sin voluntad, descuidados…; los medios de comunicación transmiten continuamente mensajes que promueven directa o indirectamente la pérdida de peso (anuncios de productos light, artículos sobre dietas, fotos de modelos…); la autoestima de las mujeres depende mucho del atractivo físico, mientras que la de los hombres depende de otras cosas como la fuerza, porque la sociedad recompensa a las mujeres por su atractivo físico y a los hombres por esas otras cosas; etc.

Entre las motivaciones psicológicas de la dieta, muchas personas (sobre todo mujeres) piensan que si pierden peso serán más aceptadas y admiradas y piensan que así pueden compensar su baja autoestima y sus sentimientos de inferioridad. Esto tampoco es del todo falso, pero el problema empieza cuando estas mujeres con baja autoestima creen que el adelgazar va a resolver sus problemas de personalidad, porque tarde o temprano se dan cuenta de que estos problemas no se resuelven de este modo. De hecho, las que pierden más peso (mujeres con un trastorno alimentario) son extremadamente infelices y sus problemas psicológicos no sólo no se resuelven, sino que empeoran. Podemos ver aquí lo desaconsejables que son las dietas para perder peso y que solamente tendremos que hacerlas si nos la aconseja y es seguida por un médico y por causa de amenaza para la salud.

Es cierto que es muy fácil echar la culpa a la sociedad y muy difícil modificar los ideales sociales deficientes, sobre todo porque la sociedad somos todos. Los medios de comunicación NO son los únicos que fomentan el deseo de estar delgados y la insatisfacción corporal (todas las personas están expuestas a los medios de comunicación y no todas están insatisfechas con su apariencia). Hay otros factores ambientales que generan esta insatisfacción como la propia familia (padres y hermanos), los compañeros de clase y los amigos.

Los familiares también han aprendido las normas sociales del peso y la línea y pueden confirmar nuestras sospechas o insatisfacciones; muchas personas con insatisfacción corporal han tenido incidentes con miembros de su familia que han alimentado o confirmado sus preocupaciones, por ejemplo, una persona que ha recibido burlas de sus hermanos, que le llaman bola de grasa, jamona, gordo… o también la madre que puede recordar a la hija que se va a hacer obesa, o el padre que hace comentarios sobre los cambios corporales que se sufren en la pubertad y adolescencia (comentarios considerados normalmente inofensivos o bromas pero que resultan muy peligrosos para la autoestima del adolescente), etc. Estos comentarios pueden haber sido bienintencionados sin duda, pero dañan la imagen corporal de esa persona. Lo mismo ocurre con los comentarios de compañeros y amigos de la infancia y adolescencia, porque las diferencias físicas entre las personas a estas edades (un desarrollo físico temprano o tardío, ser demasiado alto o bajo, pasar por un periodo de gordura…) son rápidamente percibidas y provocan comentarios.
Si no queremos estropear el metabolismo de tal forma que al final lleguemos a engordar pasando hambre, hay que plantearse muy en serio que si se decide hacer una dieta, ésta debe ser seguida siempre; no vale hacer dieta antes del verano y luego en invierno abusar de la comida, pensando que el año que viene ya nos pondremos de nuevo a dieta, porque así lo único que conseguiremos es que nuestro cuerpo cada vez necesite menos cantidad de comida para engordar. Y no olvidemos la necesidad de consultar con el médico y seguir sus consejos dietéticos, porque no todas las personas somos iguales, no todas las personas tenemos las mismas necesidades y no todas las personas reaccionaremos igual a idénticos tratamientos.

Un consejo final: comer un poco de todo, durante las horas destinadas a ello, no abusando de ningún alimento en particular y realizando ejercicio físico adecuado para quemar las calorías sobrantes y mantener el cuerpo equilibrado. Ser realistas y no proponerse retos inalcanzables e intentar gustarse a sí mismo (es la mejor manera de gustar a los demás) y tener muy en cuenta que el exceso de estrés "engorda".

lunes 28 de julio de 2008

LOS VIDEOJUEGOS

Los videojuegos son los juegos que se desarrollan delante de una pantalla o monitor. Se trata de programas informáticos, creados para el entretenimiento, que se basan en la interacción entre una o más personas y un aparato electrónico, que puede ser un ordenador, una videoconsola, un sistema arcade, un teléfono celular, etc.
En los videojuegos se recrean entornos y situaciones virtuales en los que el jugador controla a uno o varios personajes o elementos de ese entorno, para conseguir uno o varios objetivos por medio de unas reglas determinadas. Se trata de juegos que hace unos años no se podían ni imaginar y que ahora son la pura realidad; juegos que no deben ser comparados con los que teníamos treinta años atrás, porque las cosas han cambiado mucho, los avances tecnológicos son rápidos y constantes y el mundo del juguete y del entretenimiento se debe adaptar a tales cambios. Además, debemos tener en cuenta que también nosotros (incluso los más fervientes críticos de este tipo de entretenimiento), de haber tenido estos juegos durante nuestra infancia, hubiéramos jugado con ellos sin duda.

El niño puede empezar a interesarse por estos “nuevos juegos” desde edades muy tempranas, ya que ejercen un poder de atracción enorme y no requieren grandes conocimientos previos ni una especial capacidad intelectual, sino simplemente son necesarias unas habilidades psicomotrices generales, que además se van mejorando progresivamente con la práctica, y cierta persistencia en las actividades propuestas, lo cual es bastante positivo para los jóvenes, que se habitúan a persistir en el esfuerzo hasta lograr las metas. Además con estos juegos el chico controla las acciones de unos personajes fantásticos, a veces sus propios ídolos, en situaciones muchas veces extremas que en la vida real no se dan y mediante imágenes, colores y músicas atractivas para ellos.
En principio, no hay que impedir al niño que juegue y se familiarice con estas nuevas tecnologías, porque son su presente y son su futuro; con mandos, ondas y pantallas se desenvolverá en su vida personal y profesional, por lo que nada de malo hay en que vaya adquiriendo experiencia en ellos y comprendiendo su funcionamiento y sus posibilidades. Mientras el niño juega va aprendiendo un lenguaje específico formado por simbologías, escenarios, técnicas, trucos, etc. y mientras va logrando objetivos, su autoestima suele aumentar, incluso contrariamente a lo que parece a simple vista, puede aumentar el reconocimiento social por parte de sus amigos y compañeros con intereses comunes. Esto provoca una satisfacción que, como veremos más adelante, podría bastar para explicar la supuesta capacidad de “adicción” de los videojuegos.

El problema principal es conseguir un suficiente autocontrol en el comportamiento del niño, que le permita no obsesionarse con estos juegos tan atractivos para ellos y saber repartir su tiempo de ocio entre varias actividades y no sólo una.
Por su parte los padres deben conseguir tener una autoridad suficiente como para proponer las reglas adecuadas en el hogar y que sean cumplidas. No hay que olvidar que para que el niño tenga una PSP, por ejemplo, nosotros tenemos que comprársela. En este sentido deberíamos ser capaces de esperar hasta que veamos que el niño ha adquirido tal autocontrol que le capacite para jugar sin obsesionarse y hasta que comprobemos que es capaz de comprender las normas que debe cumplir para que se le permita jugar las horas pactadas, porque también tenemos que tener claro que cuando el niño ya tiene el juego, nosotros somos quienes tenemos que permitirle jugar o no, con cuáles juegos y durante cuánto tiempo.


En cuanto a este último punto, las horas que pase el niño ante los videojuegos deberían pactarse con él, aunque el niño sea pequeño, de este modo facilitaremos mucho su cumplimiento. Por otra parte podemos aprovechar la gran atracción que este tipo de juego ejerce, para utilizarlo como refuerzo de su conducta (recompensa), o como castigo, no dejándole jugar si no se porta como debería, siempre bajo previo aviso, ya que el simple hecho de avisarle de las posibles consecuencias que para él y para los demás tendrá su conducta, junto a la firmeza de los padres al cumplir su palabra, es el mejor modo de que el niño aprenda a comportarse adecuadamente.


No conviene, por lo tanto, prohibirle jugar sin más, sino que tendremos que hacer un trato con él sobre los días y las horas que podrá jugar, siempre que cumpla con una condición que también se pactará con él (comer bien, hacer deberes, no gritar…). Si él cumple con sus demás responsabilidades nada hay de malo en que juegue con estos aparatos, por supuesto refiriéndonos a juegos adecuados a su edad y durante periodos de tiempo prudenciales. Desde el momento en que acepte el trato (si no se llega a un acuerdo se guarda el juego y no se permite su uso), ya estamos haciendo que practique su capacidad de autocontrol y de responsabilizarse de su conducta, pero para ello no debemos dejar de implicarnos y de preocuparnos de que esas reglas se cumplan, ya que si por ejemplo le decimos, que si no recoge sus juguetes no juega con la consola, y sin embargo él se pone a jugar sin hacer caso y nosotros se lo permitimos... el niño sólo esta aprendiendo a desobedecernos, y como se sale con la suya, volverá a hacerlo en otras ocasiones.


¿Cuánto tiempo puede jugar? Sobre el tiempo que pueden pasar los niños con los videojuegos, cada padre debe proponer sus normas, y repito, deben implicarse activamente para que se cumplan. Hay que saber que en realidad no existen efectos negativos sobre el comportamiento, derivados directamente del uso de estos juegos, siempre que se respeten ciertas reglas, como por ejemplo, que debe mantenerse cierta distancia con la pantalla, que se debe descansar cada dos horas, cuál es la postura adecuada para jugar, cuál es la edad aconsejada para cada juego, etc. Estas normas deben ser cumplidas y para poder hacerlo, nosotros los adultos tenemos que mantenernos informados, interesarnos y leer las explicaciones que en cada envoltorio del juego se incluyen, sobre todo teniendo en cuenta que muchos padres, no tenemos ni idea de cómo se usa y se juega a estos videojuegos, razón de más para enterarnos bien de su contenido, si queremos poder evitar, por ejemplo, los muy agresivos, si queremos saber la edad para la que está recomendado, y por supuesto para dar buen ejemplo a quienes de nosotros aprenden, porque si el niño ve que los padres no cumplen las normas y que ni siquiera se molestan en leerlas, ¿por qué se supone que debería hacerlo él?...


Otros temas que preocupan a los padres sobre el uso de los videojuegos suelen ser los efectos en la socialización del niño por el aislamiento social que se supone causan, la posible adicción, la violencia de algunos juegos, la pasividad, el retraso escolar, etc. Lo primero a tener en cuenta es que, como ya hemos visto, todos estos problemas aparecerán si no se controla el uso del juego con normas apropiadas, mientras que no se darán en un ambiente adecuado.


Los posibles problemas de aislamiento social que se dice que estos juegos provocan en los niños, no son tan reales; muy por el contrario, al niño le gusta jugar con los amigos y utilizar los juegos de ordenador, videoconsolas, etc. en equipo, intercambiando trucos y juegos, compitiendo entre ellos, etc., en definitiva se divierte mucho más en compañía, por lo que el problema real aquí sería el disponer o no de esa compañía. Otro caso muy diferente sería el del niño que ya se siente aislado, generalmente por problemas en su autoestima o por algún tipo de discapacidad y se vuelca con los videojuegos, pero estamos hablando de otro problema.

En cuanto a la adicción, jugar con videojuegos no es una actividad que genere comportamientos ludópatas, simplemente porque no se pueden comparar a los juegos de apuestas que sí causan tal adicción. Es cierto que hay niños que “se enganchan” al videojuego, pero no más de lo que se puedan enganchar a la televisión, al fútbol o a cualquier cosa que les divierta y en la que sientan que son “competentes”. Para evitar esto lo mejor es poner horarios concretos para cada actividad (tanto para la TV como para los videojuegos) y molestarse en que se cumplan mediante premios o castigando su incumplimiento. Por otra parte no debemos confundir la “adicción pasajera” o entusiasmo que causa cualquier actividad placentera nueva, que al principio gusta mucho y casi obsesiona, pero que a medida que pasa el tiempo va perdiendo su atractivo inicial. Entonces el tiempo que el niño dedica al videojuego debería ir disminuyendo progresivamente y no al contrario. Otro asunto es cuando el jugador tiene ya un problema psicológico previo y puede llegar a encerrarse en el mundo del videojuego desconectando poco a poco de todo lo demás, pero al igual que lo que comentábamos antes sobre los problemas de aislamiento, esto pasa en sujetos ya afectados por algún tipo de desequilibrio y no se produce en el chico sano.

Tengamos en cuenta que el videojuego es para el niño una gran fuente de satisfacción, por lo que los padres y educadores debemos preocuparnos de que el niño obtenga satisfacción en otros muchos contextos. El niño debe estar motivado para hacer cosas, debe tener intereses y debe sentir satisfacción por todo ello; normalmente tal satisfacción surge de la competencia o “saber hacer” o bien de la admiración por parte de los otros. Es muy fácil hacer que el niño disfrute haciendo cosas, y por consiguiente que se interese por ellas y vaya perfeccionándolas con la práctica; simplemente hay que estar ahí para animarlo y para hacerle saber que lo está haciendo bien, aunque su realización no sea todo lo perfecta que nos gustaría; recordar que a la excelencia solo se llega a través de la experiencia (de la práctica), y si el niño no siente un mínimo de satisfacción al realizar algo, no se interesará en practicarlo. El secreto del gran poder adictivo de los videojuegos es básicamente este, que provoca gran diversión, que cada éxito del niño se premia y esto resulta muy satisfactorio, por ello el niño quiere seguir jugando e ir perfeccionando su técnica de juego y si por él fuera, seguramente podría estar todo el día jugando. Si el niño tiene pocas fuentes de satisfacción es muy lógico que el videojuego pueda generar en él cierta adicción, mientras que si tiene múltiples fuentes de satisfacción tal adicción será normal, es decir, se limitará al atractivo que tiene el juego cuando es nuevo.

Es cierto que la violencia de algunos juegos provoca un aumento de comportamientos agresivos en los niños, pero no más de lo que lo hace nuestra querida televisión, por ejemplo, o incluso el comportamiento agresivo de los padres (principales modelos de comportamiento de los hijos).
Hay varios estudios que demuestran que los contenidos violentos de los videojuegos y de la televisión provocan exactamente los mismos efectos, por ello no tiene ningún sentido seleccionar y controlar el contenido de estos juegos, si a la vez no se controla el contenido de los programas de televisión que se dejan ver al niño (y viceversa) y lo mismo puede decirse del tiempo que el niño dedica a ellos. Pensemos por ejemplo que la observación de telediarios proporciona muchos más ejemplos de violencia, agresividad y comportamientos indeseables que los videojuegos, pero además (y esto es lo peor) con el valor añadido de que lo que el niño está contemplando no es ficción como en el caso del videojuego, sino pura realidad.

Si muchos de los efectos más temidos de los videojuegos son los mismos que se pueden producir ante la televisión, veamos, por tanto, unos consejos para evitar que su uso se convierta en un problema. Son muy sencillos y se pueden resumir en tres simples puntos:

-controlar el tiempo de su uso
-seleccionar la programación que pueden o no ver los niños
-y fomentar una actitud crítica.

Los dos primeros puntos son fácilmente comprensibles. El tercero, muy importante, implica sobre todo ver la televisión con los niños, porque el estar con el niño mientras mira un programa, comentando su contenido con él, será suficiente para fomentar en él una actitud crítica muy positiva, y para enseñarle a reflexionar sobre lo que ve, a opinar sobre el mensaje que se le está transmitiendo, y a pensar sobre la veracidad o no del mismo. Hay que enseñar a los niños a pensar, y por supuesto deben tener muy claro que no deben aceptar como cierto todo lo que vean en la televisión; deben tener claro que en la televisión se dicen muchas mentiras, muchas falsedades, muchas tonterías, muchos hechos imaginarios, muchos montajes, etc. que el niño tiene que aprender a distinguir de la realidad, y esto puede resultarle muy complicado si está solo. La televisión, como los videojuegos, pueden ser medios muy educativos o muy antieducativos, dependerá del uso que hagamos de ellos.


La fantasía en el niño es inmensa y la función de los padres es la de enseñarle qué es realidad y qué es imaginación, pero nunca eliminándola, sino permitiendo su existencia y expresión al mismo tiempo que se le demuestra la diferencia con lo real. Los adultos debemos comprender que para el niño puede ser complicado comprender qué es real y qué no lo es, sobre todo cuando pueden ver, oír, casi tocar, tales fantasías, aunque solo sea a través de una pantalla. Hoy en día todo el mundo sabe básicamente cómo funciona el mundo del cine, la televisión y los videojuegos, y hay que explicarlo concienzudamente a los niños, con todas las demostraciones prácticas posibles, por ejemplo puede ser muy útil ver documentales en los que se explica cómo se hizo una película de ficción... o grabar con una cámara secuencias y montarlas con los niños formando una película, etc., todo lo que sea necesario para que el niño comprenda que no todo lo que ve en una pantalla es necesariamente realidad.

Pero no todo son similitudes entre los videojuegos y la televisión; aunque no lo parezca, muchas veces los primeros pueden presentar varias ventajas didácticas.
Algunas diferencias entre jugar a un videojuego o ver un programa en la televisión pueden referirse a que la televisión suele dejar poca iniciativa al espectador, quien se sienta delante y pasivamente observa y al máximo analiza lo que se le propone, mientras que el videojuego es siempre un reto para el jugador, quien, además de observar y analizar, se convierte en un protagonista que tiene que asimilar y retener información, realizar razonamientos tanto inductivos como deductivos, aplicar estrategias cognitivas organizadamente, desarrollar y practicar habilidades psicomotrices y toda una serie de competencias para afrontar los problemas que se van sucediendo ante él y ante los que tiene que ir tomando decisiones en cada momento.

El jugar con videojuegos no implica tampoco que el niño vaya a obtener peores resultados escolares, por el contrario, puede servirnos para potenciarlos, utilizando una adecuada combinación de premios y castigos como ya se viene diciendo, es decir, también puede servir para incentivar el estudio. Por otra parte con estos juegos también se puede trabajar la psicomotricidad fina y gruesa, la atención, la memoria, la coordinación, etc. Otros aspectos negativos tienen que ver con el tiempo que se pasa frente a este tipo de juegos, su cercanía, su postura durante el juego, etc., efectos que de nuevo se comparten con los que se producen frente a la televisión, el ordenador o cualquier aparato con pantalla.


Ciertamente existen influencias negativas de muchos videojuegos, pero no todos son antieducativos, todo hay que decirlo. Es cierto que algunos tipos representan muchas veces los peores estereotipos sociales (sexismo, machismo, competitividad, agresividad, frialdad...), porque su objetivo principal suele ser el de competir con otros, abatirlos y triunfar sobre ellos, ganar en la lucha, en la velocidad, utilizar armas, etc. Otros muchos juegos invitan a romper las reglas sociales básicas, incitando a robar, pegar, romper objetos de la calle, pasar semáforos en rojo si no los ve la policía, matar, etc. y representan un ideal machista y agresivo de hombre como un ser musculoso, fuerte, sin temor ni remordimiento alguno, etc., sin hablar de la figura de la mujer, representada normalmente como más débil, indefensa, que da la impresión de que si el niño la elige como personaje para jugar, estará condenado a perder... por otra parte todas estas cosas se pueden sugerir también mientras se lee un libro, se ve una película o incluso se escucha una canción… la diferencia primordial está en el hecho de que mediante el videojuego el niño se convierte en el protagonista y es él quien decide qué, cómo, cuándo o dónde hacerlo, lo cual no tiene por qué ser negativo siempre que el niño comprenda bien que sólo se trata de un juego y que en la vida real las cosas funcionan regladas por otras normas.


Por supuesto no hay que bajar la guardia; hay que tener mucho cuidado con los juegos que permitimos utilizar a los hijos porque realmente son instrumentos importantes que influyen en su socialización. Además hay que tener en cuenta que, aunque controlemos el tiempo que pasa frente al videojuego, la mayoría de ellos ofrecen más de trescientas horas de juego hasta llegar al final, es decir, se puede equiparar ese tiempo al tiempo que se pasa en la escuela, y por supuesto suele ser superior al que pasan dialogando con los padres…


Para facilitar la elección de los videojuegos, lo primero a tener en cuenta por parte de los padres es la edad para la que está recomendado, porque aunque nos pueda parecer una tontería, el contenido del juego puede influir mucho psicológicamente en la personalidad del niño, igual que puede influir una película.
Es cierto que hay padres que erróneamente piensan que si su hijo pequeño juega a juegos pensados para más mayores, se espabilará antes, pero esto no es más que una tontería, que puede tener graves consecuencias; es como el que le quiere dar un alimento a un bebé cuando su cuerpo aún no está preparado para digerirlo creando en el niño una alergia para toda la vida… Cada cosa llega a su tiempo y si se tiene que esperar se debe esperar.


Cuanto más mayor sea el hijo, más complicado suele ser para los padres el controlar el tipo de juegos que usa, porque está claro que, sobre todo cuando llega a cierta edad, si quiere jugar a uno de ellos lo hará, se lo prohibamos o no (bien porque se lo compra él con su paga, o porque juegue en casa de los amigos, etc.). Por ello lo mejor es crear en el chico un sentido crítico suficiente, para saber qué le conviene y qué no tanto, inculcarle que existen unas normas básicas que deben ser cumplidas para que todo funcione adecuadamente e intentar que aprenda a utilizar su tiempo de ocio de una manera positiva, autotélica, con sentido en sí misma, porque el ocio es una parte importante de la vida, a la que todas las personas tienen derecho y que es susceptible de educación. La educación del ocio se ocupará de que las personas sean capaces de obtener los máximos beneficios de sus experiencias de ocio, lo que no es una cuestión de azar, sino resultado de la educación personal. Hay que cultivar intereses y destrezas relacionadas con el ocio a todas las edades.


Por último hablemos también de los aspectos positivos que pueden tener los videojuegos. Ya decíamos al principio que no se puede apartar al niño de lo que va a ser su realidad de vida y ciertamente las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, la informática, las ondas y las pantallas lo son.
Respecto a las variables cognitivas o del conocimiento, hay investigaciones que demuestran que los videojuegos facilitan el desarrollo de las habilidades espaciales, de la coordinación viso-motora (ojo-mano), de los reflejos, de la rapidez de reacción, etc. Por otra parte también existen en el mercado videojuegos que son muy educativos, ayudando al niño a practicar la comprensión lectora, la atención, la memoria, el cálculo y reforzando aprendizajes escolares; quizás parezcan menos atractivos para los niños, pero todo dependerá de cómo se los presentemos.


Vemos que los videojuegos son un grupo más de los actuales medios de comunicación de masa, como lo son también la televisión, la prensa, las revistas, los libros, el cine, Internet, etc., medios que aportan distracción, diversión, y también ciertos tipos de aprendizajes, sobre todo si el niño cuenta con una adecuada orientación al respecto. Como todo, este tipo de diversión puede tener tanto efectos positivos como negativos, los cuales dependerán en último término, del propio niño, del tipo de juego y del entorno familiar (confianza, comunicación, afectividad, autoridad, disciplina, normas…).


Gloria Martí Cholbi (Pedagoga)

viernes 25 de julio de 2008

CRÍTICAS

Si alguien ha leído el manual para adolescentes: "Soy adolescente, ¿ahora qué?. Claves socio-emocionales" Editorial CCS Madrid, le agradecería que me enviara algún comentario/crítica sobre el mismo, con vistas a posibles mejoras en próximas ediciones. Muchas gracias. Gloria Martí.