DESARROLLO PERSONAL Y RELACIÓN PATERNAL

Los niños y adolescentes que presentan un desarrollo personal adecuado tienen una relación con el padre también adecuada, mientras que cuando esa relación tiene carencias, es corriente encontrar hijos con lagunas en su desarrollo como persona.

Muchas veces al profundizar en estos últimos casos se descubre que el hijo (niño o adolescente) ha incorporado esquemas y pautas en un área determinada, que suele coincidir con las que tradicional y culturalmente interviene la madre, mientras que en otras, que son más competencia del padre, aparecen lagunas. Los cuidados maternos se han realizado al tiempo que los del padre han quedado incompletos o incluso no se han dado para nada.

Esto lo digo para resaltar la importancia de la aportación de ambos padres, cada uno tiene sus funciones y son importantes.

Para que el desarrollo personal vaya acorde con un suficiente contacto con el padre, es importante intensificar la cantidad y la calidad de las interacciones que es justamente lo que poco se va haciendo menos.

La finalidad educativa del padre es la de orientar al hijo en todos los aspectos de su vida y para esto debe crear un clima que haga posible la apertura total del hijo ante el padre.

Educar es, antes de nada, formar la personalidad del hijo en actitud de apertura, para que esa personalidad empiece a ser suya (del niño).

La tarea del padre como educador es permanente; el padre educa (o maleduca) siempre; no puede descansar de esta tarea, como no puede descansar de vivir y en todo caso, educa incluso en el descanso, es decir, que cada palabra, cada silencio, cada caricia, cada mirada, cada ejemplo… todo es educativo.

La presencia o ausencia (aún presente) del padre influyen en el desarrollo cognitivo del hijo, y sobre todo en el área de las matemáticas.

Con la madre ocurre algo parecido, pero sobre todo en el área verbal, lectura, etc.

Los niños que tienen buenas relaciones con el padre se adaptan mejor y más rápido a los cambios sociales de su ambiente, son más curiosos en la exploración del ambiente, aparecen más seguros y confiados y tienen un mejor desarrollo motriz, sobre todo en andar a gatas, gatear y manipular objetos. Tienen además menor ansiedad ante la separación y ante el contacto con extraños y un mayor autocontrol, están más motivados para el éxito, etc.