LA PRE-IDENTIFICACIÓN CON LA MADRE

El tema de la identificación es fundamental para entender la constitución de la personalidad del individuo.

El objeto de pre-identificación es la madre. Lo es de manera natural, espontánea, por contacto inevitable, directo y profundo, aquí no intervienen razonamientos, ni selección de modelos. El hijo asienta sus raíces en la relación con la madre.

La identificación de los niños no es exactamente la copia de los modelos que tienen, sino que todo lo que hacen los niños es dejarse invadir por pautas, recoger información a través del mundo emocional… no hay intencionalidad, sino un dejarse llevar por algo que le agrada, estimula o motiva profundamente.

La pre-identificación es como preparar el terreno donde se va a construir un tipo de persona, y esta construcción se produce en los primeros años de vida (2 o 3 años). Después llegará la identificación primaria con el padre (que veremos más tarde) y todo lo que el niño logre antes de descubrir al padre como modelo es lo que le facilitará que tal descubrimiento se haga en un sentido o en otro.

En la pre-identificación la madre da apoyo emocional, un entorno agradable, etc. El niño que no tenga esto estará en cierto sentido amenazado, porque las bases sobre las que levantar sus identificaciones estarán asentadas en un rechazo de lo que podría darle seguridad.

También es muy importante el APRENDIZAJE DE LOS HÁBITOS PRIMARIOS, que se refieren a:

§ La alimentación

§ El sueño

§ El control de los esfínteres

Porque una actitud inadecuada de la madre ante estos hábitos puede provocar trastornos muy perturbadores.

Pero estos temas los iremos viendo, cada uno por separado, porque son amplios e importantes.

VENTAJAS DE LA LACTANCIA MATERNA

La lactancia materna tiene muchas ventajas tanto para el bebé como para la madre:

Antes de nada hay que pensar que la lactancia natural cuenta con miles de años de éxito, mientras que la artificial sólo tiene unos 100 años, y con varios problemas.

Aporta defensas para evitar infecciones (Los bebés tienen menos catarros, casi ninguna diarrea (es casi imposible), menos bronquitis y otitis, menos infecciones urinarias…).

Está siempre bien preparada y a la temperatura correcta.

Tiene todos los nutrientes sólidos y líquidos necesarios para el crecimiento del bebé.

El bebé aprende a mamar según sus necesidades, no sólo en cuanto al hambre, sino que puede obtener más o menos líquido o alimento según las necesidades.

La madre tiene también menos infecciones urinarias y su útero se reduce de tamaño en menos tiempo.

Hay mayor unión afectiva entre los dos.

Es mucho más barata...

Los primeros días no hay mucha cantidad de leche, pero hay justo lo que necesita el niño. Además, la primera leche (calostro) es especial, muy rica en proteínas y defensas.

Para que la cantidad de leche vaya aumentando, hay que ponerse al niño al pecho lo antes posible (nada más nacer si es posible). Y no se debe seguir ningún horario especial, sino hacer caso al lactante (cuando llore o esté despierto y buscando, darle el pecho).

Tampoco tenemos que controlar el tiempo que tarden en mamar; a veces tardarán unos minutos, otras, casi media hora, dependiendo de sus necesidades, tanto de alimento como de líquido.

Es bueno alternar los pechos, pero tampoco hay que obsesionarse. El darle de mamar en los dos pechos ayuda mucho al desarrollo de su lateralidad.

ERROR: pensar que los primeros días el niño se va a morir de hambre y darle otros alimentos (biberones de sueros azucarados, de leche artificial…), con lo que estaremos consiguiendo perder la lactancia materna (que necesita continuidad) y además que el niño tenga alergias posteriores.

Si queremos dar el pecho al niño, tenemos que saber que es lo mejor para él y que no necesitará nada más (ni agua, ni zumo, ni infusiones…), al menos durante los primeros 6 meses, y tenemos que tenerlo muy claro y no dejarnos influenciar por las “buenas intenciones” y “consejos” que nos puedan dar otras personas (generalmente madres y suegras) sobre que el niño pasa hambre, o sobre que nuestra leche es aguada o mala (ESTO ES IMPOSIBLE).

No debemos ir a la farmacia para ver qué nos dicen, seguramente nos venderán una leche.

Tenemos que tener en cuenta que:

- Si le damos otras cosas, el niño tendrá menos hambre, mamará menos y la leche irá disminuyendo hasta desaparecer

- Puede acostumbrarse a la tetina del biberón y luego cogerse peor al pecho.

- Y sobre todo pueden aparecer alergias al cabo de un tiempo.

Es normal que después de nacer el niño (en los primeros 4-5 días) pierda peso; pronto lo recuperará. Y después no debemos obsesionarnos con pesar al niño para ver si aumenta de peso. Si queremos hacerlo, con una vez por semana, y siempre en la misma báscula, basta. Si vemos que una semana el niño no ha aumentado, esperar a la siguiente; a veces el niño aumenta 100 gr. y a la siguiente 200.

No hay que pesarlo antes y después de mamar para ver lo que aumenta porque algunas básculas no pueden detectar aumentos de 20 o 30 gr., y esto pone nerviosa a la madre.

Al dar el pecho la madre debe estar cómoda, y es bueno preparase algo para beber (agua, zumo, leche), ya que puede sentir mucha sed.

Hay que lavarse bien las manos, pero no tanto el pecho, para que el niño reconozca su olor y lo busque. El pezón no debe limpiarse con soluciones antisépticas, basta con la higiene diaria para amamantar sin ningún riesgo.

DURANTE CUÁNTO TIEMPO AMAMANTAR:

El que la madre pueda y quiera. Siempre será mejor 2 semanas que nada. Pero lo aconsejable es un mínimo de 6 meses; a partir de esa edad el niño ya puede ir tomando otros alimentos, por lo que mamará menos, pero puede seguir haciéndolo, porque es muy bueno.

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los 6 primeros meses y como complemento hasta los 2 años.

POSTURA AL ALIMENTAR AL HIJO EN EL PECHO

Para encontrar la postura ideal se debe tener en cuenta que:

-El pecho esté suelto y disponible, sin ataduras.

-El pezón se ofrezca frente a la boca del niño, no lateralmente.

-El niño pueda tomarlo o dejarlo, mamar o respirar, con o sin ayuda de ella.

-La postura pueda ser mantenida por parte de los dos sin cansancios.

-El cuerpo del niño esté cogido por los brazos de la madre, elevado por sus rodillas o sujeto de un modo que no resbale.

-El cuerpo de la madre esté relajado y con posibilidad de movimiento en el brazo opuesto al pecho.

-El peso de los dos cuerpos esté equilibrado sin esfuerzos.

-Es menos importante que la posición del niño sea vertical, horizontal o intermedia; lo importante es que se mantenga durante toda la mamada.

-Cualquier movimiento de adaptación o reajuste entre el cuerpo de la madre y del hijo se haga sin esfuerzos dolorosos, sin dudas sobre si continuar o no y sin que la angustia, ignorancia, confusión o temor a hacerlo mal rompa el proceso.

-El tiempo de duración viene definido por la necesidad el niño.

-Al principio el cuerpo del niño está en tensión, con los puños cerrados fuertemente; al final el niño se relaja, suelta los brazos y los extiende, abre las manos, mueve los dedos, deja caer la cabeza hacia atrás y puede dormirse fácilmente, apareciendo una especie de sonrisa o semi-sonrisa con los ojos cerrados.

La lactancia materna tiene muchas ventajas, tanto para el niño como para la madre.

EL DÍÁLOGO DE LA LACTANCIA

El alimento es importante, pero no es lo único importante, ni lo más importante.

Un alimento dado en un ambiente relacional frío, pobre de afecto, distante emocionalmente no aporta nada profundo al proceso de desarrollo del niño. Además sólo lo afectivo hace que el alimento se aproveche al máximo, hace que tenga los efectos favorables para la totalidad del crecimiento del niño.

Cuando se dice que un niño necesita a la madre para vivir, no se refiere sólo a alguien que lo alimente materialmente, sino que de su relación va a depender el desarrollo posterior de la personalidad adulta.

Es muy importante lo afectivo, lo relacional, la ternura. La madurez no se consigue si no es en un ambiente de cuidados maternos, que se exprese con besos, caricias, conectando físicamente, incluso muchos autores llegan a afirmar que el cerebro “no acariciado” no funciona, y esto es verdad, ya que el cerebro infantil, nace muy inmaduro y no está mielinizado hasta los dos años de edad aproximadamente. La mielina (sustancia que envuelve los nervios y las neuronas, y que lo que permite que se produzcan conexiones entre ellos) se produce por el contacto físico, por las caricias, por las sensaciones que produce ese contacto. Estas sensaciones táctiles desencadenan la producción de la mielina que cubre los nervios y las neuronas. Por eso los animales lamen a sus crías cuando nacen.

La madre es un verdadero organizador del psiquismo infantil, actuando a través de la piel, de la voz, del calor, de la caricia, de la lactancia. Y la lactancia es un complejo intercambio en el que a través de elementos senso-motrices y de las gratificaciones profundas que se producen, se contribuye a la aparición del sentimiento de seguridad en el niño y del sentimiento de amor materno en la madre. Es el niño quien hace nacer el amor materno, el verdadero sentimiento de amor materno que alrededor del 4º o 5º día aparece en la madre.

El niño capta infinitas maneras de lenguaje preverbal con las que la madre le habla, por el tono emocional de la madre que acepta o rechaza al niño que le está sacando al leche, por el gesto de cogerle, de colocarle, de ponerle cómodo o incómodo, por hablarle con palabras aunque el niño aún no pueda entenderlas pero que sin duda siente… en pocas palabras es la suavidad o la rudeza con que la madre dialoga corporalmente con su hijo mientras le alimenta lo que va a contribuir a la formación de un tipo u otro de personalidad. Porque el niño toma la leche en muy poco tiempo, pero sigue después agarrado al pecho mucho más tiempo, sin tomar leche porque el pecho se ha vaciado, pero sigue ahí hasta quedar dormido y relajado, porque aún obtiene otras gratificaciones (estar seguro, percibir afecto, sentirse querido y aceptado…).

Por eso, otro tema muy importante para las madres primíparas es la postura para amamantar (lo vemos en otro artículo).

EFECTOS DE LA FALTA DE APEGO EN EL NIÑO

En el pasado artículo dijimos que el pasar las fases de apego adecuadamente termina con un lazo afectivo sólido y duradero entre el niño y la madre. Y también que no todos los niños llegan a alcanzar esa seguridad. Y que los efectos de la falta de apego son efectos retardados, es decir, se verán mucho más adelante, pero realmente evidentes, y a veces dramáticos.

El bebé tiene necesidad de contacto físico. Tiene necesidad de agarrarse y de pegarse a la madre, de relacionarse con su pecho, de refugiarse en ella y de trepar por ella, etc. Y la falta de esas satisfacciones pueden acarrear conductas anormales en adolescentes y adultos.

Si analizamos a muchas familias con conflictos profundos, fácilmente nos encontramos con madres frías, distantes, poco cálidas en afecto, en expresividad corporal, en dejarse agarrar, trepar, tocar, palpar, chupar, etc. por su hijo de pocos días o meses, el cual, aunque esté bien alimentado, si le falta ese “piel-a-piel”, estará amenazado por problemas durante toda su maduración.

Es por eso que una madre bien orientada puede evitar que se produzcan procesos que alteran profundamente la maduración de la personalidad del hijo.

Estas conductas de apego, igual que se van formando, irán disminuyendo espontáneamente. El apego es total en los primeros días y meses de vida, pero mientras se crece, se van estructurando otras conductas que empiezan a “separar” al niño de la madre (o de la figura que la sustituya), como la tendencia a buscar a otros (niños), y luego a otros (adultos), la tendencia a explorar a través del juego, de la creatividad, la imitación, etc., pero tengamos en cuenta que estas tendencias se verán dificultadas si el niño no ha contado primero con el adecuado grado de apego con la madre (o figura sustituyente).

A corto plazo los efectos de la falta de apego pueden ser: un aumento del ritmo cardíaco, descenso de la temperatura corporal de noche, aumenta el tiempo que está despierto, aumentan los sobresaltos nocturnos, protesta (llora, grita…) el primer día de separación, el segundo día presenta posturas depresivas, disminuye el juego, y siente angustia por la separación de la madre.

A largo plazo todos sufren un retraso general, más profundo en el lenguaje, y tienen problemas en sus relaciones sociales. Estudios recientes relacionan las deficiencias en las relaciones con las figuras de apego con la neurosis, la depresión, el suicidio, la mortalidad, el retraso intelectual, desórdenes conductuales, etc.

Esta necesidad de apego está muy relacionado el tema de la lactancia materna. El amamantar al niño va a suponer mucho más que alimentarlo, siendo casi más importantes los procesos relacionales que se producen que el propio alimento. Lo vemos en otro artículo.

EL APEGO

El apego no es algo que se aprende, sino que es efecto de una necesidad primaria. La necesidad de afecto es algo innato, que no precisa aprendizaje.

El apego es una tendencia original y permanente a buscar la relación con los otros. Es un lazo afectivo fuerte que se establece entre el niño y la persona más cercana a él, que suele ser la madre. Tiene una función adaptativa que facilita la supervivencia por mantener a la cría cerca del adulto mientras aún no es autónoma y posibilita la adquisición de seguridad en el entorno y más adelante la exploración.

El establecer un vínculo estable y seguro es lo que posibilita que el niño sienta curiosidad por su entorno, por lo que estas conductas son indispensables para que se produzca la adquisición de nuevos conocimientos, habilidades y destrezas, es decir, un adecuado desarrollo. Entonces la función del apego es que el niño adquiera seguridad, y cuando se sienta seguro explore el entorno.

La personalidad adulta es producto de la interacción del individuo con figuras claves de pequeños, y en particular con las figuras de apego.

El niño elabora modelos de representación que son diferentes según hayan sido sus experiencias de amor, temor y de seguridad. Por ejemplo, sobre el temor, es una respuesta adaptativa en los niños, y cuando un niño confía en que tendrá a la figura de apego cuando la necesite, será poco propenso a tener miedos intensos o crónicos.

Mucha gente cree que lo que el bebé busca en la madre es el alimento, pero la necesidad de alimentación no tiene el papel principal que parece, en la relación con la madre. En el recién nacido el contacto y la búsqueda de cercanía con la madre, son más importantes que la tensión del hambre.

Las etapas en el desarrollo del apego son:

1. Etapa de preapego (del nacimiento a 6 semanas)

2. Etapa de formación del apego (6 semanas a 6-8- meses)

3. Etapa de apego (6-8 meses a 18 meses- 2 años)

4. Formación de relaciones recíprocas (de 18 meses- 2 años en adelante)

Veámos las ETAPAS resumidamente:

1. Etapa de preapego (del nacimiento a 6 semanas)

El bebé comienza aplicando sus reflejos innatos. Llora, agarra, orienta la vista hacia los que le cuidan, responde positivamente a los acercamientos y caricias, y ya reacciona y distingue la voz de la madre de la de otras personas por las claves emocionales que aparecen en esta, pero aún no muestra conductas de apego.

2. Etapa de formación del apego (6 semanas a 6-8- meses)

El niño ya muestra con su conducta que distingue a la madre de otras personas. Sonríe y balbucea con más facilidad a la madre, y se muestra más tranquilo y calmado cuando es la madre quien le tiene en brazos. Presta mayor atención a los movimientos y acciones de la madre, pero aún lo que más le molesta es perder el contacto humano, no sólo el de la madre.

3. Etapa de apego (6-8 meses a 18 meses- 2 años)

Las reacciones de enfado y ansiedad ante la separación de la madre son ya una muestra clara del apego que el niño tiene con la madre. A partir de los 8 meses el niño empieza a tener preferencia por su madre y todas las acciones del niño en esta etapa están orientadas a conseguir una mayor presencia de la madre (gatear, manipular objetos, etc.)

4. Formación de relaciones recíprocas (de 18 meses- 2 años en adelante)

A partir de aquí, el bebé tiene ya la capacidad de representarse mentalmente a la madre cuando ésta no está, lo que unido con el comienzo del habla, provocan un cambio de conducta en el niño. Baja la ansiedad de separación, porque ya comprende que no es una separación definitiva, y porque la madre puede explicarle cómo y cuándo va a regresar. Esto es importante, ya que varios estudios demuestran que las madres que explican las razones de la separación y el tiempo que tardarán, consiguen una reacción mucho más serena por parte del niño. No conviene engañarles, porque esto creará más problemas a la larga.

El pasar estas fases adecuadamente terminará con un lazo afectivo sólido y duradero entre el niño y la madre, sin embargo no todos los bebés llegan a alcanzar esa seguridad, porque su capacidad para evocar respuestas afectivas en la madre es muy limitada, o porque la madre esté ausente, o es poco sensible a las señales del bebé.

Por otra parte, los efectos de la falta de apego son efectos retardados, pero evidentes, y a veces dramáticos (lo vemos en el próximo artículo).

RELACIONES EN LA FAMILIA

Hay muchos tipos de familia. Aunque en númeno de miembros sean idénticas, cada una tendrá sus aspiraciones, expectativas, metas, modelos educativos, actitudes emocionales para relacionarse unos con otros, etc. que pueden ser muy distintos.

La familia no es un fenómeno accidental, sino un lugar de encuentro, contacto y comunicación, en el que se hace posible (o no) el perfeccionamiento de cada uno de los miembros. Es un sistema, formado por personas ligadas unas a otras, y sujetas a influencias recíprocas. Estas influencias recíprocas pueden enmarcarse en 3 o 4 tipos de encuentro entre los miembros:

§ Con la madre

§ Con el padre

§ Con los hermanos

§ Con otros miembros de la familia

Partir de hoy, que empezaremos con la madre, y en las próximas publicaciones iremos viéndolos por separado.

LA MADRE

Sobre la relación y comunicación madre-hijo se ha estudiado muchísimo. En este encuentro destacan, entre otros, y como verdaderos procesos evolutivos del ser humano:

1. El apego

2. El diálogo de la lactancia

3. Los procesos de pre - identificación

4. El aprendizaje de los hábitos primarios

-Alimentación

-Sueño

- Control de los esfínteres

- Etc.

REGLAS DE COMUNICACIÓN

La familia es un sistema gobernado por reglas, hasta el punto de que sus miembros se comportan entre ellos de forma repetitiva, organizada, casi automática. Por eso es interesante conocer las reglas que regulan los mensajes de comunicación.

Una regla es una especie de acuerdo para actuar de una determinada manera, pero no siempre es algo tan consciente como parece, al contrario, la mayoría de las veces este acuerdo no suele hacerse conscientemente, y aunque parezca raro, muchas veces ni siquiera es conocido ni por los mismos participantes, sino que lo van construyendo como resultado de ajustes que van haciendo que facilitan el mantenimiento de un “equilibrio” familiar.

§ Las reglas reconocidas: Son reglas que se han establecido directamente, abiertamente, explícitamente al iniciarse la relación que origina la familia. Hay parejas que las tienen muy claras al haberlas establecido antes de formalizar su vínculo. Son del tipo de: asignación de tareas, responsabilidades (cara al otro, a los hijos, etc.), y grado y uso del nivel de libertad. Lo mejor sería que, hasta los aspectos más profundos de cada uno, se “regularan” con reglas reconocidas. Pero la verdad es que muy pocas familias tienen reglas acordadas de manera directa y abierta.

§ Las reglas implícitas: Son reglas que existen en la familia aunque no se hayan verbalizado; aunque no se hay hablado sobre ello. Son funcionamientos “sobreentendidos”, sobre los que, en teoría, no sería necesario hablar. En cualquier familia hay situaciones en las que se actúa de este modo, pero no es bueno que todo se haga así.

§ Las reglas secretas: Son las más difíciles de descubrir. Son formas de actuar con las que una parte del sistema familiar bloquea las acciones de otra parte o de otros miembros. Son acciones que desencadenan actitudes deseadas por quien manipula. Son bloqueos de intentos de libertad, autonomía…

§ Las metarreglas: En pocas palabras, la metarregla hace que lo que es una regla de comportamiento quede superado porque uno de los miembros del sistema va más allá de lo acordado. Así, la metarregla distorsiona la regla, confunde los significados aceptados antes y hace surgir reacciones distintas a las acostumbradas. Es un modo muy sutil de romper profundamente la posibilidad de comunicación.

Queda claro, que la mejor manera de evitarse problemas en la relación de pareja y con los hijos, es establecer las reglas de comunicación, de comportamiento, de responsabilidades de cada uno, etc., abiertamente, antes de que surjan los problemas. Reglas que deben ser conocidas y aceptadas por todos los miembros de la familia, desde el más mayor al más pequeño, el cual tendrá que ir adquiriéndolas como parte de su educación familiar.

TIPOS DE MENSAJES DE COMUNICACIÓN

Para completar el tema de la comunicación, distinguimos entre Mensajes de contenido y Mensajes de relación:

El MENSAJE DE CONTENIDO es el que se transmite con un lenguaje verbal, directo, comprensible, que no necesita ninguna traducción. Corresponde a una situación real. Cuando decimos… estoy mal, estoy triste, estoy deprimido, necesito cariño…O cuando en una familia el hijo dice… quiero que me escuchéis… no hay por qué ir buscando una interpretación ya que el significado y el significante coinciden perfectamente.

Ante tal mensaje se pueden hacer varias cosas:

o Se confirma el mensaje y se actúa en consecuencia (se da cariño, comprensión, afecto, se escucha más…).

o Se acepta sin tomar actitudes (se acepta teóricamente pero no en la práctica), se acepta a nivel racional, se entiende intelectualmente, etc. pero todo queda igual porque no se hace nada.

o Se rechaza por no estar de acuerdo con lo que se ha dicho claramente (yo creo que no estás tan mal…creo que te queremos bastante… ¿qué más quieres?... ya te escucho bastante...).

o O se ignora (ni se registra el mensaje del otro, ni se reacciona ante él, ni se tiene en cuenta… quien lo recibe actúa como quien “oye llover”…).

La verdadera comunicación (en cuanto a fenómeno de relación) sólo se asegura en el primer caso. Cuando se utiliza cualquier otra de las posturas se están poniendo las bases para que el que la manera de enviar el mensaje (que no es recibido del modo esperado) cambie, y se empiece a utilizar otro tipo de comunicación basado en los mensajes de relación.

El MENSAJE DE RELACIÓN Es siempre un mensaje no-verbal. Se dice algo envuelto en símbolos (no con palabras), no coinciden el significado y el significante, por lo que crea una confusión emotiva. El que “habla” así, manda mensajes que el otro “escucha” de un modo totalmente diferente. La comunicación se hace confusa y caótica. El niño en lugar de decir “quiero que me escuchéis” (visto que no funciona), enviará el mensaje mediante signos que tratarán de envolver emocionalmente el ambiente, para ser escuchado (un mal gesto, una crisis de nervios, una descarga agresiva, un insulto, un dolor físico que los movilice y obligue a hacerle caso, un síntoma alarmante (quiero suicidarme, no quiero vivir), etc.). El mensaje de relación supone entonces, provocar una reacción del adulto sin pedirla directamente.

Cuando la familia no utiliza la comunicación clara con mensajes de contenido, este tipo de mensajes (de relación) está continuamente en el ambiente.

EL DOBLE VÍNCULO

Es otro fenómeno que causa muchos problemas de comunicación en las familias.

Es, en pocas palabras, una forma trastornada de comunicación, que se da cuando en un mensaje hay más de un nivel de comunicación, niveles que además discrepan o son incongruentes.

El Doble Vínculo aparece cuando:

§ Nos vemos envueltos en una situación que supone una gran intensidad emocional (que es cuando en teoría más necesitaríamos comunicarnos claramente para dar una respuesta adecuada).

§ Cuando al mismo tiempo, la otra persona expresa dos mensajes distintos (Y lo que uno afirma está negado por el otro).

§ Y cuando no podemos expresar nuestra propia idea sobre los mensajes transmitidos (Tanto por que son contrarios entre ellos, como por la manipulación emocional que encierran).

Las consecuencias de esto pueden ser muchas y variadas, aunque sólo con decir que la persona no sabe a qué atenerse, ya bastaría.

En cualquier familia puede aparecer alguna vez este tipo de “distorsión”; vamos a ver algún ejemplo:

· Es el caso del padre que presume de ser muy amplio, flexible, generoso y liberal en la actitud que tiene ante sus hijos, mientras que al mismo tiempo no les permite el mínimo asomo de autonomía o libertad.

· El de aquellos que hablan de afecto, cariño, amor… mientras que con la actitud no comunican ni transmiten el menor signo de lo que dicen con la boca.

Con la pareja puede pasar exactamente lo mismo:

· Mientras discuten con gestos y críticas agresivas adornan el lenguaje con palabritas aparentemente cariñosas, cargadas de riqueza afectiva, pero que no se vive en realidad.

· El uso de diminutivos al dirigirse a la pareja, o de palabras que en otros tiempos tenían un significado afectuoso y pacífico, en medio de una discusión.

Se colocan palabras durísimas y rechazos enlazados con “amor mío”, “cariño”, “hijito”…

Este fenómeno es el doble vínculo… y suponen algo a evitar en toda comunicación, la cual, para ser positiva debe ser clara y directa.

SISTEMAS DE COMUNICACIÓN (Esquema de Schiller)

Este aspecto afecta a los tipos y a los niveles de comunicación vistos la semana pasada.

1. Convencional-Sociable-Cotidiano-rutinario: Los miembros de la familia se relacionan superficialmente, nadie entra en los sentimientos de los demás. Se tocan cosas, pero no se tocan sentimientos. Se hace lo de cada día, lo normal, lo que hacen todos. En la pareja puede decirse que se tocan los cuerpos, pero no los afectos, los sentimientos, las emociones…

2. Directivo-Persuasivo-Condescendiente-Cerrado: Aquí hay un diálogo manipulativo ya que por muchos medios se busca que el otro haga lo que uno quiere. Por ejemplo, cuando un miembro de la familia pretende que los demás hagan algo que a él le interesa o le apetece, sin preguntar a los demás si quieren o no. No importan los sentimientos de los otros, sino que sólo se miran los que a uno le gustan, y en función de eso se toman decisiones que afectan a los demás.

3. Especulativo-Intelectual-Reflexivo-Serio, pero seguro: Aquí hay una posibilidad de apertura, de confidencias, aunque sea en un nivel cargado de factores racionales. Hay un mayor respeto por los otros aunque continúe el temor de entrar en el mundo de los sentimientos. Se habla, se razona, se buscan explicaciones, se busca razón lógica, fría y calculada sobre lo que se hace o dice… es decir, hay un intento de acercamiento, pero aún muy tímido, es como si se abriera una puerta hacia lo confidencial, aunque queda fácilmente bloqueada por el peso de lo racional.

4. Abierto-Auto-revelador-Auto-responsable-Serio, con riesgo: Este es el tipo de comunicación más positiva. Se manifiesta algo del interior, se expresan sentimientos. En pocas palabras, hay un verdadero contacto con el sentimiento de los otros, desde la profundidad y el riesgo de expresar los propios. Se respeta el mundo emotivo de los demás.

TIPOS DE COMUNICACIÓN FAMILIAR

Los dos grandes tipos, que abarcan otros, son:

La COMUNICACIÓN VERBAL se centra en “lo que se dice”. Se realiza continuamente y consiste básicamente en hablar. Proporciona al otro un conocimiento exacto de lo que se quiere decir, aunque tal conocimiento es puramente intelectual, y muchas veces le falta “algo” para establecer una verdadera relación interpersonal.

La COMUNICACIÓN NO-VERBAL es más variada: (tono de voz, gestos, postura, el mismo silencio cuando se decide no comunicarse, la enfermedad, el lenguaje sintomático, la agresividad…). En definitiva se centra en lo que se dice con gestos o lenguaje corporal. Su base está en lo aprendido en las etapas preverbales de la maduración (antes de aprender a hablar), cuando aprendemos de nuestros padres inflexiones de voz, tono, ritmo, contacto de las manos, movimientos del rostro, expresión, ruidos… Es una comunicación un poco más confusa que la verbal, por lo que necesita una traducción según el contexto en que se dé. Con este tipo de comunicación hay que tener cuidado ya que puede provocar conflictos. Muchos “malentendidos” a nivel de pareja o en las relaciones familiares se deben a una mala traducción del lenguaje no-verbal.

En cuanto a los NIVELES en que puede establecerse la comunicación, vamos a destacar 3:

Comunicación informativa: es cuando sólo se dice “lo que ha pasado”. Simplemente se informa de lo que se ha visto, oído, hecho. Es una comunicación “tipo telediario”, con la que nunca sabemos lo que la información supone para quien habla.

Comunicación racional: Es cuando se da la información y al mismo tiempo se dan especulaciones, reflexiones personales, etc. sobre la noticia dada. Es un poco una comunicación formativa o manipulativa, porque junto al hecho que se transmite se pretende actuar sobre el otro. En la familia se usa como vehículo transmisor de pautas, valores o normas…

Comunicación emotiva (profunda): Se da cuando mientras se transmite la información o los hechos, se transmiten también sentimientos, afectos, emociones, estados de ánimo. Es una comunicación más íntima, con la que se expresan sentimientos, se gratifica, el otro conoce tus valores personales sobre lo que expresas, se transmite qué nos hace sentir en un momento dado algo, etc. En una familia este último nivel supone una verdadera comunicación. La falta de niveles profundos de comunicación familiar tiene efectos como: no saber qué quiere el otro, qué necesita, qué busca, de qué es capaz, se produce pobreza emocional en el comportamiento, falta de ternura expresada y sentida, búsqueda de tales gratificaciones en otro lugar…y todo ello de manera compulsiva (arrebatos, impulsos…)

LA FAMILIA

El concepto de familia no ha mantenido siempre los mismos rasgos, debido a la influencia de muchos factores que han ido incidiendo en sus estructuras. Estos factores moldean, transforman y hasta a veces eliminan las formas familiares más tradicionales. Pero estos cambios familiares no significan que ante formas nuevas dejen de existir otras.

La situación actual es la de convivencia de distintas formas de familia:
-hogares monoparentales
-hogares unipersonales
-familias de individuos de culturas minoritarias
-familias de homosexuales...

Tanto las familias tradicionales como los modelos emergentes precisan de formación y orientación en los diversos temas que les afectan.

La VIDA FAMILIAR es el conjunto de acciones encaminadas a la crianza y educación de los hijos, y a satisfacer las necesidades de cada uno de los miembros de la familia. Implica dar apoyo, seguridad y afecto; enfrentar y solucionar problemas; producir y consumir bienes; y transmitir valores.

La familia tiene un gran poder moldeador sobre los hijos. Ningún grupo social tiene un influjo tan definitivo como el ejercido por la familia, y más concretamente por los padres sobre los hijos.

Aparte de la educación consciente que intentan dar los padres, la familia condiciona la FORMACIÓN INTELECTUAL de los hijos: el desarrollo de la inteligencia infantil necesita estímulos y contenidos por parte del ambiente (lo que le rodea), por lo que las posibilidades que dé la familia determinarán el grado y la cualidad de ese desarrollo. La familia representa un depósito de conocimientos que poco a poco va asimilando el niño. Su mentalidad dependerá de la cantidad y tipo de esos conocimientos.

Las ACTITUDES de los padres cuentan muchísimo en cuanto a los estudios y el interés por aprender de los hijos. Influye más la actitud de los padres y el tipo de cuidados maternales que la falta de recursos materiales. Las actitudes de los padres son el factor más fuerte de la MOTIVACIÓN de los hijos en los estudios.

Las PERTURBACIONES EMOCIONALES en el hogar causan un bajón de los resultados académicos.


SER PADRES

Los objetivos conseguidos por la pareja, en el primer tramo de la creación de una familia van a sufrir un cambio en el momento de nacer el primer hijo.

Ser padres no es sólo un hecho biológico, sino que encierra todo un mundo de emociones. Sin embargo, esta realidad no es vivida igual por el hombre que por la mujer. En primer lugar, la mujer tiene evidencia inmediata de lo que es “ser madre”, pero el hombre no lo percibe en su biología. El paso de pareja a trío, la mujer lo inicia al percibirse embarazada, mientras que el hombre lo percibe más tarde.

El convertirse en padre o madre, exige un cambio bastante fuerte en cuanto a las metas individuales y de pareja. Aparecen nuevas funciones y aparecen nuevas necesidades en la pareja, además con el riesgo que tiene el afrontar nuevas responsabilidades sobre las que no se tiene experiencia vivida, y para las que poco valen otras experiencias del pasado.

Muchas veces aparecen conflictos o dificultades por culpa de no saber distinguir y separar las funciones parentales (del padre y de la madre) de las conyugales. Un problema muy frecuente es el que aparece en el momento en el que la presencia de un hijo se convierte en una amenaza para la satisfacción de las necesidades afectivas de cualquiera de los miembros de la pareja; se teme perder el afecto del otro por el acaparamiento que provoca el recién nacido (el padre piensa que la mujer puede dejar de ser tan buena esposa al convertirse en madre; la madre, por su parte, siente la amenaza de que el padre se vuelque con el hijo, con la pérdida de apoyo y afecto hacia ella, la cual, insatisfecha o en cierto modo frustrada, se refugia en su maternidad, se vuelca con el hijo y encuentra en él una gran fuente de compensaciones).

Este fenómeno no es tan frecuente en la realidad, aunque casi todas las parejas lo viven a nivel fantasmático. Pero muchas veces se plantea una verdadera crisis, que necesita de ayuda y orientación para salir adelante. Y la verdad es que para el orientador es algo muy útil, ya que, cuando sucede realmente, es un buen índice de que “algo” no funcionaba con anterioridad al nacimiento del hijo.

Porque algo muy importante a tener en cuenta es que el nacimiento del hijo no es la causa del distanciamiento entre el marido y la mujer; tal distanciamiento (o decepción, frustración, carencia afectiva, insatisfacción sexual, desapego emocional, falta de valoración, etc.) ya existía. La aparición del hijo es quizás lo que desencadena la descompensación (como lo que pasa en la orilla del mar cuando baja la marea…la marea no es la responsable de las rocas que aparecen en la playa, como máximo, la marea es la que nos permite ver algo que ya estaba allí, aunque oculto). Igualmente el hijo no es el responsable del enfriamiento o conflicto, sino que nos permite ver algo que ya estaba ahí y no había aparecido.

Esta actitud emocional aparece por una falta de perspectiva al observar el problema, ya que la maternidad y la paternidad son un tipo de amor, que NO es de la misma calidad que el amor conyugal que se ve amenazado. El amor al hijo es distinto al amor a la pareja. Y aunque fueran iguales (que no lo son), con dar amor a cualquiera de los miembros del triángulo, no se quita nada al otro, porque el amor no se gasta porque al otro se le dé cuanto necesite, ni es algo material que al repartirlo va disminuyendo de cantidad.
Gloria Martí Cholbi

¿POR QUÉ UNA EDUCACIÓN EMOCIONAL?

La visión que tradicionalmente ha tenido la sociedad sobre las emociones ha sido negativa. Se ha tratado por esto de eliminar o contener las emociones, pero este no es el camino adecuado, ya que las emociones, además de ser necesarias no se pueden controlar, es decir, no se puede decidir voy a sentir esta o esta emoción, o no voy a sentir más esta otra. Lo único que podemos hacer es reconocerlas y aprender a utilizarlas adecuadamente (regularlas), ya que todas, tanto las positivas como las negativas, aparecen por una razón que no podemos eliminar, aunque no nos guste.

Tenemos que aprender por qué aparece cierta emoción y utilizarla para salir adelante adecuadamente, ya que son mucho más importantes e influyentes en la vida de lo que solemos pensar, afectando a nuestro estado psicológico, físico, y social.

Además, una persona que niega y reprime sus emociones obtendrá justo el efecto contrario, es decir, experimentará con más intensidad la emoción que intenta evitar, y se verá afectada su salud física y mental.

Hay que tener en cuenta que el hombre es un ser racional, sí, pero también es un ser emocional, y tiene que aprender a educar y dirigir sus emociones para que no se conviertan en un obstáculo, del mismo modo que siendo un ser inteligente, tiene que aprender a educar y dirigir su inteligencia.

Al ignorar, negar, reprimir, etc. las emociones, lo único que conseguimos es que cuando inevitablemente nos encontramos con ellas, no somos capaces de canalizarlas adecuadamente, y aquí aparecen los problemas.

Tenemos que saber que las actitudes, pensamientos, y estados emocionales provocan reacciones que afectan a la química cerebral, a la actividad cardiovascular, y hasta a la actividad celular.

Las preocupaciones, la ira, el estrés, etc., pueden afectar al funcionamiento hormonal, inmunológico, y cardiovascular, y aumentar el riesgo de enfermedades.

Y otra cosa a destacar es, que las emociones juegan un papel primordial en nuestras vidas y tienen mucho que ver con el comportamiento, por lo que regulando las emociones podremos regular el comportamiento.

Y para empezar, debemos recordar, que todo lo que nos produzca una emoción o sentimiento, es una clave que nos está revelando la importancia que en algún sentido tiene ese hecho para nosotros, tanto si es positivo como si es negativo.
Gloria Martí Cholbi

FAMILIA Y COMPETENCIAS SOCIO-EMOCIONALES

Las competencias emocionales se educan en el ámbito familiar, dando lugar a personas equilibradas, sanas y formadas emocionalmente, o en el caso negativo, a personas desequilibradas, irreflexivas, sin control sobre sus impulsos, etc., que pueden acabar haciéndose daño a ellos mismos y a los que les rodean.

Capacidades importantes dentro del ámbito emocional son: el reconocimiento y la expresión de los sentimientos, la empatía, la sinceridad, la resolución de problemas, la persistencia, la amabilidad, el respeto, el sentido del humor…

La educación social y emocional se refiere al proceso de enseñanza y aprendizaje de habilidades, conocimientos y creencias que son la base de estas competencias.

La familia es uno de los factores de mayor influencia en la socialización de las emociones, que suele llevarse a cabo de dos formas: actuando directamente sobre el hijo (regulando las emociones de éste), y de manera indirecta (fundamentalmente a través de la observación y el modelado de los padres).

La falta de educación emocional o un desarrollo inadecuado de ella, puede llevar a desajustes sociales y falta de dominio sobre la propia persona, y conlleva la angustia, depresión y ansiedad.

Algunas estrategias educativas de aplicación al desarrollo de las competencias socio-emocionales, pueden ser por ejemplo: el arte, la enseñanza explícita el humor.

En cuanto al arte, la música es uno de los estímulos que con más facilidad produce diferentes estados emocionales (relaja, estimula, conmueve, evoca, libera, hace pensar y sentir…), por lo que es un recurso valioso en la educación para la sensibilidad, los valores y las actitudes constructivas. Por ejemplo en casa, se pueden escuchar canciones o piezas musicales que tengan alguna relación con un tema que se quiere abordar, luego se pide que expresen libremente con palabras lo que les ha hecho pensar, sentir, imaginar… y el estado de ánimo, y finalmente, la persona que eligió la música, explica el por qué y para qué de esa elección. También se puede utilizar la pintura, escultura, fotografía, arquitectura, cine…

La enseñanza explícita se refiere a orientación ocasional, asignaturas optativas en la escuela, etc., en pocas palabras, es una enseñanza transversal, que se realiza junto a otras. Algunas tácticas pueden ser responder con un número indicativo del estado de humor cuando el profesor pasa lista, construís puzzles en grupo, utilización del conflicto, el estado de ánimo, etc. como tema del día…

En cuanto al humor, el sentido del humor en la familia es tan importante como la disciplina, los valores, etc. Las relaciones se hacen más sanas, menos tensas y más amistosas. Asumir la perspectiva del sentido del humor ante los errores, dificultades… facilita reconducir las situaciones, que de otro modo harían aumentar las tensiones y conflictos. Y recordemos que la risa es una de las expresiones que más beneficios aporta a la persona.
Gloria Martí Cholbi

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO DEL DÉFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD

Son muchos los niños diagnosticados con TDAH (Trastorno de Atención con Hiperactividad), quizás demasiados... Este desorden produce un comportamiento agresivo, una gran impulsividad e incapacidad para concentrarse. Pero cuidado, porque no todos los niños que tienen una actividad motora excesiva son hiperactivos, ni tampoco todos los niños con problemas de conducta o con déficits de atención. Téngase en cuenta que un niño normal es puro movimiento y actividad, que tiene que aprender a comportarse adecuadamente (lo que depende sobre todo de sus padres) y que tiene igualmente que ir aprendiendo a prestar atención. En el diagnóstico de la posible hiperactividad debe tenerse en cuenta al niño, a los padres, a los profesores y al médico.
Para identificar al niño hiperactivo y diferenciarlo de otros con otros tipos de problemas, se utilizan los siguientes criterios, aunque las investigaciones han demostrado que estos niños  constituyen un grupo heterogéneo, por lo que no en todos los casos ni permanentemente están presentes todos los rasgos y síntomas:
0. Ante todo el niño no debe reunir los criterios para el diagnóstico de trastorno generalizado del desarrollo (que presenta síntomas parecidos), la alteración debe haber comenzado antes de los siete años de edad, durar un mínimo de seis meses de evolución y contar con la presencia de por lo menos ocho de estos catorce síntomas:


1. Inquietud frecuente (en adolescentes sensaciones subjetivas de impaciencia e inquietud).
2. Dificultad para permanecer sentado cuando la situación lo requiere.
3. Fácil distracción por estímulos ajenos a la situación.
4. Dificultad para guardar turnos en juegos o situaciones de grupo.
5. Impulsividad por responder precipitadamente antes de que se acaben de formular las preguntas.
6. Dificultad para seguir instrucciones de los demás, finalizar las tareas que se les encomiendan, etc. (no debida a negativismo o error de comprensión).
7. Dificultad para mantener la atención en actividades lúdicas o juegos.
8. Frecuentes cambios de una actividad incompleta a otra.
9. Dificultad para jugar con tranquilidad.
10. Frecuente verborrea (palabrería o hablar excesivamente).
11. Frecuentes interrupciones o implicaciones en actividades de otros niños (interrumpiendo juegos ya comenzados, etc....).
12. No escuchar lo que se le dice.
13. Pérdida de cosas necesarias para una tarea o actividad escolar (juguetes, lápices, libros, deberes...).
14. Realización de actividades físicas peligrosas sin evaluar los posibles riesgos (no con el propósito de buscar emociones fuertes), como cruzar la calle sin mirar, utilizar utensilios peligrosos sin cuidado, etc.
El niño hiperactivo muestra una actividad motora (movimiento) excesiva, a pesar de la cual, hay también falta de flexibilidad y rigidez en sus movimientos, lo que les hace tener frecuentes accidentes y caídas.
Debido a su falta de atención, no suelen acabar las tareas y se distraen muy fácilmente, sobre todo cuando las tareas son complejas y exigen manejar conceptos abstractos, inconcretos o indefinidos.
Debido a su impulsividad tienen dificultades para inhibir o frenar las conductas que conllevan satisfacción inmediata. Son los típicos niños que prefieren un caramelo ahora que tres más tarde.
Tienen además escasa tolerancia a la frustración, tendiendo a abandonar lo que les resulta difícil o prefiriendo terminarlo rápido, aunque mal.
En situaciones de examen, evaluación o pruebas, suelen cometer más errores que los otros niños porque se muestran impacientes y dan respuestas precipitadas. Suelen utilizar la estrategia de terminar cuanto antes como protección contra la ansiedad que le causan ciertas tareas.
Como síntomas asociados los niños hiperactivos suelen presentar problemas de conducta con dificultades en la escuela por molestar a compañeros, hablar sin permiso del profesor, emitir sonidos desagradables, etc., y en casa suelen ser desobedientes.
Presentan también dificultades de aprendizaje porque les cuesta captar la información sensorial, organizarla, procesarla cognitivamente y luego expresarla.
En las relaciones sociales también aparecen problemas consecuencia de las alteraciones del comportamiento (lo que muchas veces causa rechazo y aislamiento) y a causa de la impulsividad y la falta de atención (que les impide respetar las normas, como por ejemplo en juegos cooperativos, etc.).
Un problema añadido es el bajo nivel de autoestima que llegan a presentar estos chicos, consecuencia de los conflictos sociales y de sus experiencias de fracaso. Las relaciones con los adultos y con sus iguales les llevan a tener un pésimo concepto de sí mismos porque suelen ser objeto de quejas y críticas continuas sin entender muy bien por qué, lo que les hace pensar que no gustan a los demás. De todo ello se derivan también alteraciones emocionales.

En resumen su conducta característica suele ser caótica, inquieta, no focalizada en objetivos o finalidades concretas y carente de persistencia. Se trata de niños desordenados, descuidados, que no prestan atención en clase, que cambian continuamente de tarea sin preocuparse de haber terminado la anterior, que presentan una actividad o movimiento permanente e incontrolado sin que vaya dirigido a un fin determinado, que tienen dificultades para permanecer quietos o sentados, que responden precipitadamente a las preguntas, se muestran impacientes, que no son capaces de esperar su turno, que interrumpen las actividades de los compañeros y familiares, que son desobedientes, que parecen no oír las órdenes por lo que no las cumplen, que tienen dificultad para participar en juegos cooperativos y ajustarse a las normas o reglas, por lo que también suelen tener problemas con sus compañeros y que pueden sufrir accidentes fácilmente, ya que sus conductas no suelen coincidir con la conciencia del peligro.
No es de extrañar que ante tal panorama los padres se rindan a la idea de que pueden encontrar la solución a sus problemas medicando al niño. Muchos médicos (un 64% de los médicos) proponen proporcionar ayudas farmacológicas durante un tiempo para facilitar la adquisición de habilidades curriculares, sociales y de autonomía personal que le permitan adaptarse adecuadamente al medio. Sin embargo hay que saber que las soluciones mágicas no existen y que la medicación debe darse sólo en los casos que realmente se demuestre necesaria (estamos hablando de niños) y que por supuesto es sólo una ayuda que siempre debe complementarse con otros métodos cognitivo-conductuales, de lo contrario no se soluciona nada. Y no hay que olvidar que como toda droga o medicamento tiene efectos colaterales.
El tratamiento de la hiperactividad consiste básicamente en la administración de fármacos y en la aplicación de métodos conductuales y cognitivos.Los fármacos administrados suelen ser estimulantes (Ritalin/Rubifen, Dexedrina, Cylert, Concerta…), o tranquilizantes y antidepresivos (especialmente imipramina…). Los tranquilizantes son menos utilizados porque, aunque disminuyen la inquietud, la movilidad excesiva y la agresividad, no influyen en la atención y rendimiento de los niños, mientras que los niños tratados con estimulantes mejoran su atención e impulsividad.
No es necesario ni conveniente utilizar medicación en todos los casos. La opinión más compartida es la de utilizar medicación cuando los métodos psicológicos no son suficientes. La medicación es más apropiada cuanto más hiperactivo es el niño, es decir, cuando está seriamente afectado (hiperactividad permanente), sin embargo no está indicada si el niño hiperactivo ha sufrido tics nerviosos, alteraciones del pensamiento, ansiedad y trastornos psicosomáticos. Tampoco se aconsejan en problemas de conducta en preescolares, ante comportamientos desafiantes, indisciplina, etc. y en la adolescencia no se aconsejan por los posibles riesgos de adicción.
Los fármacos tienen efectos sobre las conductas del niño hiperactivo pero igualmente, como cualquier droga tienen limitaciones y efectos no deseados, tanto físicos (dolor de cabeza, insomnio, disminución del apetito...), como psicológicos que afectan al niño, padres y profesor (sobreprotección: el niño deja de tener un problema para pasar a ser un enfermo, efectos negativos sobre la autoestima, ya que pueden sentirse diferentes y que si tienen éxito es por los fármacos no por ellos mismos, dependencia….). En todos los casos debe ser el médico especialista quien decida si dar la medicación, las dosis, durante cuánto tiempo, etc.
Pero ¿por qué se está popularizando tanto este tipo de tratamiento?, ¿qué hace que los padres decidan tan alegremente administrar estas drogas, similares a las anfetaminas, a sus hijos aún pequeños? Generalmente cuando se les informa sobre el tratamiento sólo se les ofrece una “verdad a medias”. No se les suele decir que el TDAH no es una enfermedad sino un síndrome o conjunto de síntomas, por lo que la medicación puede no estar tan justificada como parece, no se les informa de que aún no existen estudios sobre los efectos a largo plazo de tales productos, no se les informa de que el TDHA se ha convertido en un enorme negocio para algunas multinacionales farmacéuticas, y por supuesto no se les informa de que el compuesto activo de tales pastillitas es “metilfenidato”, considerado como una de las drogas más adictivas que existen hoy en día, y que producen efectos tan parecidos a la cocaína y las anfetaminas que ni los animales ni los humanos encuentran diferencia entre las tres drogas cuando se les administran en iguales dosis.
La acción química de los estimulantes como el Rubifen, Ritalín, Concerta… es muy parecida, a veces idéntica, a la de las anfetaminas (estimulantes psicomotores). Las anfetaminas, antes de ser ilegalizadas se encontraban en medicamentos que se recetaban para tratar el asma, para quitar el hambre o para dar energía. Fueron muy utilizadas por deportistas, camioneros, militares, etc. En la década de los 60, rebautizada con el nombre de Spit alcanzó gran popularidad entre los jóvenes. Y ya en los 80 se convirtieron en drogas ilegales. A diferencia de la anfetamina normal, los productos para el tratamiento de la hiperactividad prescritos para niños, actúan más lentamente y durante más tiempo, de este modo no producen euforia, sino una más elevada capacidad de concentración. Sin embargo deberíamos preguntarnos por el futuro de estos niños que usan estimulantes. Se están haciendo estudios sobre si los niños, dada la vulnerabilidad de su cerebro aún en desarrollo, pueden volverse adictos a las drogas estimulantes psicomotoras con datos aún contradictorios. Pero no podemos olvidar que hay expertos que opinan que en el futuro se arriesgan a desarrollar una apetencia especial por las drogas. Hay que tener en cuenta que dentro del cerebro estos medicamentos mantienen una tasa elevada de dopamina al bloquear su reasimilación, produciendo una forma de adicción comparable a la de la cocaína. Pero esto no es lo único preocupante. El metilfenidato es un estimulante del sistema nervioso central que modifica la cantidad de ciertas sustancias naturales en el cerebro. Todavía no se ha explicado cómo funcionan exactamente, pero lo que sí se ha demostrado es que esos medicamentos aumentan la presión arterial y aceleran el ritmo cardíaco, por lo que además de la posibilidad de desarrollar una adicción, habría que considerar el riesgo de arritmias e infartos tanto en niños como adultos.
El número de pacientes que reciben tratamiento contra la hiperactividad es enorme. En EEUU más de 5.000.000 de niños escolarizados siguen este tipo de tratamiento y en Europa, siguiendo sus pasos, el número crece muy rápidamente. Muchas empresas farmacéuticas, como no podía ser de otro modo ya que el negocio para ellos es impresionante, así como numerosos psiquiatras y psicólogos afirman que los posibles efectos cardiovasculares no están probados, pero no es menos cierto que otros estudios apuntan hacia riesgos de accidente cerebrovascular y arritmia, es decir, que pueden producir alteraciones cardiacas graves e incluso la muerte. Recordemos que hace unos años la Agencia del Medicamento de EEUU, tras la muerte repentina de 25 pacientes medicados con estos productos para la hiperactividad, encargó a un grupo de expertos que empezaran a pensar modos para investigar los posibles riesgos cardíacos de estos fármacos. Estos expertos acabaron aconsejando a la citada agencia que se pusiera en los paquetes un aviso sobre los riesgos, concretamente recomendaron incluir en los mismos una “caja negra”, la más seria señal de advertencia en EEUU y por supuesto la más odiada por las empresas farmacéuticas. Naturalmente esta simple recomendación no obligaba a nada a la Agencia, sin embargo nos pone en alerta. Realmente, para un padre, el simple hecho de que no existan pruebas suficientes (porque aún no se han realizado suficientes investigaciones a largo plazo) debería bastar para no medicar a su hijo con este tipo de droga si no es estrictamente necesario. Recordemos que hace unos años la cocaína, las anfetaminas y otras drogas similares eran legales y muy utilizadas en medicina y que hasta que se realizaron suficientes investigaciones, mucha gente sufrió daños irreversibles.
Algunos efectos negativos del metilfenidato son por ejemplo el que los niños desarrollen obsesión y compulsión, propensión al llanto, que se vuelvan atontados, adormilados, cansados, deprimidos, con falta de interés, tristes, irritables…, que aparezcan comportamientos violentos, manías…, que aparezca insomnio, agitación, desaparición de conductas espontáneas, etc.
Por supuesto hay casos más graves de niños hiperactivos que seguramente necesitarán la ayuda de sustancias similares para mejorar, pero sin duda son mucho menos de los que actualmente las consumen, porque se está diagnosticando como niños hiperactivos a muchos niños que realmente no lo son y que realmente no presentan todos los síntomas. Los padres deben tener muy presente que existen muchísimas patologías que presentan idénticos síntomas que el TDHA, por lo que simplemente tienen que asegurarse buscando diferentes opiniones de expertos. Algunas de estas patologías pueden ser la hipoglucemia, desórdenes metabólicos, desórdenes del sueño, problemas de vista y oído, alergias, exceso de algunas vitaminas, déficit en hierro y en vitaminas del grupo B, anemias, mala metabolización de los hidratos de carbono y de lácteos, problemas emocionales, problemas de aprendizaje, falta de capacidad para la comunicación, niños indisciplinados o con falta de adecuada disciplina, etc. Todos estos problemas y otros muchos, pueden presentar los mismos síntomas. Lo mejor es asegurar un adecuado y completo diagnóstico.
Por otra parte no debemos olvidar que existen otras opciones que se demuestran muy útiles, como el tratamiento conductual-cognitivo con técnicas operantes y técnicas cognitivo-conductuales. El modelo operante da mucha importancia a las consecuencias que siguen a un comportamiento cuando aparece. Las conductas se emiten y se mantienen por los efectos que provocan en el ambiente. Así, al disponer el ambiente familiar y social según las indicaciones de un profesional sobre reforzamiento, extinción y castigo, las conductas alteradas cambiarán favorablemente y se fomentarán comportamientos adaptados. Las técnicas cognitivas son procedimientos basados en la utilización del pensamiento y el lenguaje que se pueden concretar en conductas como pensar, razonar o solucionar problemas. Entre ellas destacan: el entrenamiento en autoinstrucciones, método que enseña a los niños hiperactivos estrategias cognitivas que les permiten afrontar con éxito tareas escolares y otras situacionales en las que se les exija control de los comportamientos y que básicamente consiste en modificar las verbalizaciones internas que el sujeto utiliza cuando realiza cualquier tarea y sustituirlas por otras verbalizaciones apropiadas para lograr el éxito. Otro método es el de resolución de problemas, partiendo de que la forma más adecuada de enfrentar problemas, dificultades, fracasos, situaciones difíciles también se aprende, y por tanto se puede modificar por ejemplo si el aprendizaje ha sido incorrecto o si incluso no se ha producido. El entrenamiento en solución de problemas interpersonales, que se aplica a niños impulsivos para reducir sus dificultades de adaptación social con el aprendizaje de estrategias cognitivas que permitan analizar los problemas interpersonales, buscar soluciones eficaces y aplicarlas en el marco de las interacciones sociales. La relajación, técnicas basadas en la imaginación, el entrenamiento en habilidades sociales, etc.
Por último comentar que el modo más eficaz de ayudar a niños hiperactivos es mejorar el clima familiar, y las habilidades de los padres para controlar comportamientos anómalos y eliminar las interacciones negativas entre niños y adultos (para evitar las comunes experiencias de fracaso y rechazo que sufren estos niños). A veces resulta difícil tolerar a los hijos y se suele perder el control. En estos casos, el enfadarse e irritarse, más que resolver el problema suele agravarlo. Hay que controlar las propias emociones y asumir que estos niños requieren mayores dosis de calma, paciencia y flexibilidad que los normales. Pero esto no basta. Además hay que adoptar normas apropiadas de actuación que incluyan tanto establecer reglas explícitas, como administrar castigos cortos pero eficaces.
Gloria Martí Cholbi

EL CONFLICTO EMOCIONAL

Si las emociones negativas nos invaden podemos llegar a actuar con odio, ira, ser terriblemente cobardes, hundirnos psicológicamente, etc. En estas situaciones, está claro que las emociones no sólo NO ayudan sino que complican el problema, porque lo importante no es tanto lo que materialmente está en juego sino las reacciones emocionales que se producen entre las personas involucradas.

Esto suele pasar en las peleas o discusiones. Seguramente si ambas partes reconocieran la parte de razón del argumento de la otra parte, podrían llegar a un acuerdo razonable, pero lo que suele pasar es que cada parte, emocionalmente afectada por prejuicios sobre la otra parte, se obstina en sus razones pretendiendo imponer sus criterios sin más, y esto genera respuestas agresivas de defensa, y cada vez peor. Se produce un conflicto emocional.

Igual que ocurre con la facilitación emocional (que no se limita a situaciones individuales) pasa con los conflictos emocionales, y por eso una de las causas más frecuentes de bajo rendimiento de las empresas, es la presencia de conflictos emocionales entre sus miembros, conflictos que a veces, visto desde fuera, ni siquiera parecen importantes, pero para los implicados si que lo son, y afectan mucho a su satisfacción laboral, a su rendimiento e incluso a su vida fuera del trabajo, deteriorando mucho su calidad de vida y dando lugar a situaciones muy desagradables y a uno de los más frecuentes motivos de baja laboral: la depresión.

En las relaciones familiares y de pareja las consecuencias son aún más desastrosas y la mayor parte de los problemas que se producen en las parejas se deben a la aparición y desarrollo de conflictos emocionales.

Si analizamos los motivos por los que las parejas se deterioran vemos que la pérdida del amor inicial se debe a pequeñas desavenencias que no deberían tener mucha importancia objetiva y que deberían resolverse fácilmente mediante acuerdos. Pero muchas parejas abordan estos problemas con la técnica de “aguantar y perdonar por amor”, y en lugar de ir reparando los pequeños desperfectos inevitables en toda convivencia, los van tapando. Pero a la larga ¿qué pasa?, que esas pequeñas cosas se repiten y si no se resuelven satisfactoriamente se acumulan hasta producir heridas emocionales en ambos miembros de la pareja. Y entonces empiezan a aparecer discusiones en las que lo menos importante es la razón por la que se discute y lo que manda son las actitudes intransigentes, los orgullos heridos y el malestar acumulado. Una vez llegados a este punto ya no se puede resolver el asunto con acuerdos porque han entrado en juego los “conflictos emocionales” y ya no se le pide a la otra persona sólo que deje de hacer o que haga algo, sino que pague con sufrimiento una reparación emocional, que la otra persona considera injusta o desproporcionada ya que también tiene derecho a que se reconozca su parte.

Y para terminar comentar que los conflictos emocionales no aparecen sólo en las relaciones con los demás, sino también, aunque no sean tan evidentes, en las relaciones con uno mismo. Muchas veces nos negamos a admitir lo que somos, lo que nos pasa, o intentamos engañarnos a nosotros mismos, y esto tiene un gran coste psicológico y emocional. Cuando intentamos evitar el sufrimiento a base de negar la realidad, nos metemos en un camino sin salida porque entonces ya no se trata de que queramos resolver nuestro problema sino que lo que queremos es que no exista, o que se resuelva solo, pero con esa actitud lo que conseguiremos es amargarnos la vida.

Gloria Martí

LA FACILITACIÓN EMOCIONAL

Los estados emocionales pueden producir efectos muy positivos (facilitación emocional) o muy negativos (conflictos emocionales), llegando a hacer que demos lo mejor o lo peor de nosotros mismos.

Tanto si somos conscientes de los estados emocionales, como si no, son la clave de nuestra felicidad o de nuestra infelicidad diaria, es decir, de nuestra calidad de vida.

Cuando nos creemos totalmente apoyados, nos sentimos tan especiales que muchas veces somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, y hasta un poco más. Es como cuando nos enamoramos, no sabemos por qué ni cómo, pero en ese momento el amor saca de nosotros la mejor persona que podemos ser. También se puede alcanzar ese estado especial en grandes catástrofes naturales o accidentes, en los que personas completamente normales, pueden comportarse como verdaderos héroes.

En resumen se trata de circunstancias en las que nos autoanimamos, creyendo que podemos afrontar algo que está en el límite de nuestras posibilidades y conseguirlo. Y esto ocurre porque un adecuado estado emocional puede aumentar mucho las posibilidades de tener éxito ante los retos personales, facilitando mucho el conseguirlos.

En toda relación (especialmente en la de pareja) si nos sentimos apoyados somos capaces de ser personas maravillosas, y además, sin que nos cueste trabajo. En pocas palabras, aunque no siempre nos demos cuenta, TODO lo que hacemos en la vida, lo hacemos MEJOR cuando lo abordamos con el adecuado estado emocional.

Esto es lo que se llama “FACILITACIÓN EMOCIONAL”; un fenómeno psicológico que puede llegar a conseguir efectos casi milagrosos; una gran influencia de las emociones positivas en el comportamiento, y que no se refiere sólo a personas individualmente consideradas, sino que también se da en los colectivos, por ejemplo en las empresas podemos ver la importancia que está alcanzando el crear un buen ambiente de trabajo, el facilitar la cooperación, el motivar a las personas., etc., precisamente por esto, y cuando se consigue, el trabajo se convierte en una actividad gratificante y muy productiva.

Por supuesto nos estamos refiriendo básicamente al efecto de las emociones positivas, pero ¿qué pasa cuando se trata de emociones negativas?, pues que nos encontramos con la otra cara de la moneda, se produce justo el efecto contrario. En ese caso ya no hablamos de facilitación sino de CONFLICTO EMOCIONAL.
Gloria Martí

EL ESTRÉS

“Estoy estresado”, “no aguanto más este ritmo”… son expresiones muy habituales hoy en día. El estrés está de moda (aunque siempre existió), pero como muchos otros conceptos puede resultar equívoco.

El estrés es una respuesta emocional, es decir, es una reacción de las personas ante determinadas circunstancias. En sí mismo no es negativo, sino necesario. Lo negativo es su inadecuada acumulación.

Se suele creer que las emociones en general y el estrés en particular son algo perturbador del comportamiento. Sin embargo, un cierto nivel emocional es imprescindible para vivir adecuadamente, ya que facilita el rendimiento y la motivación haciéndonos más eficaces. Sin un cierto nivel de estrés no haríamos nada, no nos importaría nada, no nos esforzaríamos por nada.

Estar muy relajado no es algo deseable en sí mismo. De este modo no podríamos por ejemplo, conducir (nos dormiríamos, nos despistaríamos…), o no podríamos estudiar, mantener una reunión, trabajar, etc., porque cada una de estas tareas, como todas las demás requiere un grado de activación emocional, por debajo del cual no somos eficaces.

Pero si las emociones son excesivas también se verá alterado nuestro rendimiento en cualquier tarea. Si estamos muy nerviosos o activados podremos cometer más errores al conducir, no nos concentraremos al estudiar o perderemos los papeles en una reunión, en el trabajo, etc.

Entonces para cada tarea existe un nivel óptimo de activación emocional, un cierto nivel de estrés, por debajo del cual no podremos rendir adecuadamente, y por encima del cual o por exceso tampoco rendiremos o nos bloquearemos. Además si estos niveles de activación excesiva se mantienen durante un largo tiempo, influirá en el desarrollo de diferentes trastornos.

Esa activación, el estrés, es una respuesta a una situación potencialmente peligrosa, e implica cambios en muchas partes del organismo (sistema nervioso, sistema hormonal, sistema inmunológico, sistema respiratorio, sistema gastrointestinal, sistema cardiovascular, sistema muscular), permitiendo que se prepare para la respuesta más adecuada (la huida, el ataque o el afrontamiento). Por lo tanto, si esta respuesta se mantiene en el tiempo más allá de lo necesario, pueden darse una serie de alteraciones en esos sistemas.

Por todo ello, más que vencer el estrés, debemos intentar aprender a mantenerlo en un nivel tolerable.

A lo largo de la vida nos vamos enfrentando a diferentes situaciones que trastocan nuestros planes y nos obligan a un esfuerzo de readaptación a las nuevas circunstancias, pudiendo ser causantes de estrés excesivo. Por ejemplo podemos destacar las siguientes:

-LA ENFERMEDAD. Tanto por el riesgo que tiene como por los cambios que nos obliga a realizar en la vida cotidiana.
-LAS CRISIS LABORALES. Pérdida de empleo, cambios…
-LAS RELACIONES CONFLICTIVAS. Tanto profesionales como personales.
-LA MUERTE de algún ser próximo. Etc.

También las diferentes etapas evolutivas por las que todos pasamos implican importantes cambios, con el consecuente esfuerzo adaptativo, por ejemplo:

-LA NIÑEZ Y ADOLESCENCIA: etapas en las que continuamente se está sujeto a cambios. En la adolescencia además hay una eclosión hormonal y un importante cambio en el papel que se juega tanto en la familia como en la sociedad.
-LA MADUREZ: con el acceso al trabajo y a otras responsabilidades.
-EL MATRIMONIO: que representa un gran cambio en la organización vital, la ruptura con una serie de hábitos y la implantación de otros nuevos.
-LA PATERNIDAD: con sus nuevas responsabilidades y más cambios.
-EL NIDO VACIO: que puede vivirse como una pérdida.
-LA JUBILACIÓN. Etc.

Y también son importantes las variables de personalidad, que son las que orientan, condicionan o matizan al resto, como por ejemplo: las creencias, las ideas, las emociones, los hábitos, etc.

Con el estrés se ven afectados los siguientes sistemas del organismo:

-EL SISTEMA NERVIOSO: que se activa al máximo para detectar los riesgos y reaccionar con rapidez.
-EL SISTEMA HORMONAL: que debe producir las sustancias que posibiliten una mayor y más rápida movilidad.
-EL SISTEMA INMUNE: que se deprime para ahorrar energía, ya que no es imprescindible en ese momento.
-EL SISTEMA GASTROINTESTINAL: que igualmente minimiza su funcionamiento para ahorrar energía.
-EL SISTEMA CARDIOVASCULAR: que incrementa la frecuencia cardiaca a fin de que se distribuya el oxígeno por todo el organismo.

Entonces, si esta respuesta global se mantiene en el tiempo más allá de lo necesario, pueden darse toda una serie de alteraciones en esos sistemas. Algunas consecuencias de esa tensión disfuncional pueden ser: hipertensión arterial, adicciones, depresión, ansiedad e irritabilidad, obesidad o pérdida de peso, problemas gastrointestinales, trastornos del sueño, problemas cardiovasculares, inmunodepresión…