En cuanto a este último punto, las horas que pase el niño ante los videojuegos deberían pactarse con él, aunque el niño sea pequeño, de este modo facilitaremos mucho su cumplimiento. Por otra parte podemos aprovechar la gran atracción que este tipo de juego ejerce, para utilizarlo como refuerzo de su conducta (recompensa), o como castigo, no dejándole jugar si no se porta como debería, siempre bajo previo aviso, ya que el simple hecho de avisarle de las posibles consecuencias que para él y para los demás tendrá su conducta, junto a la firmeza de los padres al cumplir su palabra, es el mejor modo de que el niño aprenda a comportarse adecuadamente.
No conviene, por lo tanto, prohibirle jugar sin más, sino que tendremos que hacer un trato con él sobre los días y las horas que podrá jugar, siempre que cumpla con una condición que también se pactará con él (comer bien, hacer deberes, no gritar…). Si él cumple con sus demás responsabilidades nada hay de malo en que juegue con estos aparatos, por supuesto refiriéndonos a juegos adecuados a su edad y durante periodos de tiempo prudenciales. Desde el momento en que acepte el trato (si no se llega a un acuerdo se guarda el juego y no se permite su uso), ya estamos haciendo que practique su capacidad de autocontrol y de responsabilizarse de su conducta, pero para ello no debemos dejar de implicarnos y de preocuparnos de que esas reglas se cumplan, ya que si por ejemplo le decimos, que si no recoge sus juguetes no juega con la consola, y sin embargo él se pone a jugar sin hacer caso y nosotros se lo permitimos... el niño sólo esta aprendiendo a desobedecernos, y como se sale con la suya, volverá a hacerlo en otras ocasiones.
¿Cuánto tiempo puede jugar? Sobre el tiempo que pueden pasar los niños con los videojuegos, cada padre debe proponer sus normas, y repito, deben implicarse activamente para que se cumplan. Hay que saber que en realidad no existen efectos negativos sobre el comportamiento, derivados directamente del uso de estos juegos, siempre que se respeten ciertas reglas, como por ejemplo, que debe mantenerse cierta distancia con la pantalla, que se debe descansar cada dos horas, cuál es la postura adecuada para jugar, cuál es la edad aconsejada para cada juego, etc. Estas normas deben ser cumplidas y para poder hacerlo, nosotros los adultos tenemos que mantenernos informados, interesarnos y leer las explicaciones que en cada envoltorio del juego se incluyen, sobre todo teniendo en cuenta que muchos padres, no tenemos ni idea de cómo se usa y se juega a estos videojuegos, razón de más para enterarnos bien de su contenido, si queremos poder evitar, por ejemplo, los muy agresivos, si queremos saber la edad para la que está recomendado, y por supuesto para dar buen ejemplo a quienes de nosotros aprenden, porque si el niño ve que los padres no cumplen las normas y que ni siquiera se molestan en leerlas, ¿por qué se supone que debería hacerlo él?...
Otros temas que preocupan a los padres sobre el uso de los videojuegos suelen ser los efectos en la socialización del niño por el aislamiento social que se supone causan, la posible adicción, la violencia de algunos juegos, la pasividad, el retraso escolar, etc. Lo primero a tener en cuenta es que, como ya hemos visto, todos estos problemas aparecerán si no se controla el uso del juego con normas apropiadas, mientras que no se darán en un ambiente adecuado.
Los posibles problemas de aislamiento social que se dice que estos juegos provocan en los niños, no son tan reales; muy por el contrario, al niño le gusta jugar con los amigos y utilizar los juegos de ordenador, videoconsolas, etc. en equipo, intercambiando trucos y juegos, compitiendo entre ellos, etc., en definitiva se divierte mucho más en compañía, por lo que el problema real aquí sería el disponer o no de esa compañía. Otro caso muy diferente sería el del niño que ya se siente aislado, generalmente por problemas en su autoestima o por algún tipo de discapacidad y se vuelca con los videojuegos, pero estamos hablando de otro problema.
-controlar el tiempo de su uso
-seleccionar la programación que pueden o no ver los niños
-y fomentar una actitud crítica.
Los dos primeros puntos son fácilmente comprensibles. El tercero, muy importante, implica sobre todo ver la televisión con los niños, porque el estar con el niño mientras mira un programa, comentando su contenido con él, será suficiente para fomentar en él una actitud crítica muy positiva, y para enseñarle a reflexionar sobre lo que ve, a opinar sobre el mensaje que se le está transmitiendo, y a pensar sobre la veracidad o no del mismo. Hay que enseñar a los niños a pensar, y por supuesto deben tener muy claro que no deben aceptar como cierto todo lo que vean en la televisión; deben tener claro que en la televisión se dicen muchas mentiras, muchas falsedades, muchas tonterías, muchos hechos imaginarios, muchos montajes, etc. que el niño tiene que aprender a distinguir de la realidad, y esto puede resultarle muy complicado si está solo. La televisión, como los videojuegos, pueden ser medios muy educativos o muy antieducativos, dependerá del uso que hagamos de ellos.
La fantasía en el niño es inmensa y la función de los padres es la de enseñarle qué es realidad y qué es imaginación, pero nunca eliminándola, sino permitiendo su existencia y expresión al mismo tiempo que se le demuestra la diferencia con lo real. Los adultos debemos comprender que para el niño puede ser complicado comprender qué es real y qué no lo es, sobre todo cuando pueden ver, oír, casi tocar, tales fantasías, aunque solo sea a través de una pantalla. Hoy en día todo el mundo sabe básicamente cómo funciona el mundo del cine, la televisión y los videojuegos, y hay que explicarlo concienzudamente a los niños, con todas las demostraciones prácticas posibles, por ejemplo puede ser muy útil ver documentales en los que se explica cómo se hizo una película de ficción... o grabar con una cámara secuencias y montarlas con los niños formando una película, etc., todo lo que sea necesario para que el niño comprenda que no todo lo que ve en una pantalla es necesariamente realidad.
Ciertamente existen influencias negativas de muchos videojuegos, pero no todos son antieducativos, todo hay que decirlo. Es cierto que algunos tipos representan muchas veces los peores estereotipos sociales (sexismo, machismo, competitividad, agresividad, frialdad...), porque su objetivo principal suele ser el de competir con otros, abatirlos y triunfar sobre ellos, ganar en la lucha, en la velocidad, utilizar armas, etc. Otros muchos juegos invitan a romper las reglas sociales básicas, incitando a robar, pegar, romper objetos de la calle, pasar semáforos en rojo si no los ve la policía, matar, etc. y representan un ideal machista y agresivo de hombre como un ser musculoso, fuerte, sin temor ni remordimiento alguno, etc., sin hablar de la figura de la mujer, representada normalmente como más débil, indefensa, que da la impresión de que si el niño la elige como personaje para jugar, estará condenado a perder... por otra parte todas estas cosas se pueden sugerir también mientras se lee un libro, se ve una película o incluso se escucha una canción… la diferencia primordial está en el hecho de que mediante el videojuego el niño se convierte en el protagonista y es él quien decide qué, cómo, cuándo o dónde hacerlo, lo cual no tiene por qué ser negativo siempre que el niño comprenda bien que sólo se trata de un juego y que en la vida real las cosas funcionan regladas por otras normas.
Por supuesto no hay que bajar la guardia; hay que tener mucho cuidado con los juegos que permitimos utilizar a los hijos porque realmente son instrumentos importantes que influyen en su socialización. Además hay que tener en cuenta que, aunque controlemos el tiempo que pasa frente al videojuego, la mayoría de ellos ofrecen más de trescientas horas de juego hasta llegar al final, es decir, se puede equiparar ese tiempo al tiempo que se pasa en la escuela, y por supuesto suele ser superior al que pasan dialogando con los padres…
Para facilitar la elección de los videojuegos, lo primero a tener en cuenta por parte de los padres es la edad para la que está recomendado, porque aunque nos pueda parecer una tontería, el contenido del juego puede influir mucho psicológicamente en la personalidad del niño, igual que puede influir una película.
Cuanto más mayor sea el hijo, más complicado suele ser para los padres el controlar el tipo de juegos que usa, porque está claro que, sobre todo cuando llega a cierta edad, si quiere jugar a uno de ellos lo hará, se lo prohibamos o no (bien porque se lo compra él con su paga, o porque juegue en casa de los amigos, etc.). Por ello lo mejor es crear en el chico un sentido crítico suficiente, para saber qué le conviene y qué no tanto, inculcarle que existen unas normas básicas que deben ser cumplidas para que todo funcione adecuadamente e intentar que aprenda a utilizar su tiempo de ocio de una manera positiva, autotélica, con sentido en sí misma, porque el ocio es una parte importante de la vida, a la que todas las personas tienen derecho y que es susceptible de educación. La educación del ocio se ocupará de que las personas sean capaces de obtener los máximos beneficios de sus experiencias de ocio, lo que no es una cuestión de azar, sino resultado de la educación personal. Hay que cultivar intereses y destrezas relacionadas con el ocio a todas las edades.
Por último hablemos también de los aspectos positivos que pueden tener los videojuegos. Ya decíamos al principio que no se puede apartar al niño de lo que va a ser su realidad de vida y ciertamente las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, la informática, las ondas y las pantallas lo son.
Vemos que los videojuegos son un grupo más de los actuales medios de comunicación de masa, como lo son también la televisión, la prensa, las revistas, los libros, el cine, Internet, etc., medios que aportan distracción, diversión, y también ciertos tipos de aprendizajes, sobre todo si el niño cuenta con una adecuada orientación al respecto. Como todo, este tipo de diversión puede tener tanto efectos positivos como negativos, los cuales dependerán en último término, del propio niño, del tipo de juego y del entorno familiar (confianza, comunicación, afectividad, autoridad, disciplina, normas…).
Gloria Martí Cholbi (Pedagoga)